jueves, agosto 23, 2012

Déjate capturar: Prólogo y Capítulo 1

Buenas, mis maravillosas lector@s.

Hace sólo dos días que he comenzado y ya tengo tan bonitos comentarios. Muchas gracias por eso. 

Hoy vengo a traeros una historia que comencé hace poco. Se llama "Déjate capturar" y es un M/M/M/F. Sé que es un comienzo a lo grande, pero me vino la idea y ya no pude dejar de escribir. Así que espero que os guste. Y por cierto, esta es la primera portada que hago, creo que ha quedado bastante bien. (Ya sabéis alguna falta de ortografía u otra cosa, avisad).

De modo que ser atrevid@s y acompañadme en esta nueva aventura...


Prólogo


Thamar tenía un mal presentimiento. Uno de esos que te hacen un nudo en el estómago, a pesar de que desconoces el porqué. Suspiró, mientras dejaba la cocina para acercarse a la puerta de entrada. La abrió y salió al exterior buscando con la mirada entre el follaje. Ya hacía más de una hora que Conall, su hijo, había ido a correr y aunque nunca le había ocurrido nada, esa noche no era cómo las demás. El bosque abrigaba una perturbadora quietud. Todo estaba demasiado silencioso. No tendría que haber dejado que Conall saliera.

Thamar se abrazó a sí misma. Una brisa helada le puso los vellos de la nuca de punta. Algo iba mal, lo sabía. Escaneó la floresta una vez más. Su loba estaba inquieta. Sentía como se paseaba dentro de ella de un lado a otro. Si hubiera podido habría dejado que su espíritu animal tomara el control para ir a buscar a su cachorro, pero ni su esencia era alfa ni estaba acoplada a ningún lobo y sólo en ambos casos era posible cambiar sin sufrir una agonía espantosa.

De pronto, algo se movió entre los árboles. Thamar bajó los escalones del porche delantero y fijó su mirada en el lugar. Esperando.

Un suspiro de alivio se escapó de su boca cuando los arbustos se abrieron y dieron paso a Conall. Parecía cansado, pero estaba entero. Eso era bueno.

—¡Mamá! ¡Ayúdanos! ―El grito alertó a Thamar que salió corriendo en busca de su hijo, dándose cuenta por primera vez que llevaba sobre su espalda a alguien inconsciente.

—Conall, ¿quién es?

—Me los encontré en el lago.

—¿Los? ¿Hay alguien más?

―Sí, Lynn me estaba siguiendo…

Conall miró hacia atrás, al mismo tiempo que sujetaba más fuerte al cuerpo que transportaba. Thamar advirtió que se trataba de un muchacho de la edad de su hijo, aunque parecía más pequeño. Sólo llevaba la camisa de Conall, por lo que Thamar se apresuró a volver a casa para coger una manta.

—¡Lynn! —Oyó que gritaba su hijo—. ¡Mamá!

—¡Ya voy cariño! —contestó Thamar mientras llegaba a su lado de nuevo.

—Cuídale, iré a buscarla.

Thamar asintió, viendo a su hijo alejarse en dirección a los matorrales. Lo observó desaparecer y luego desvió su atención al chico que estaba sobre la hierba. Su tez morena estaba manchada de tierra, barro y algo que parecía sangre seca. Le cubrió con la colcha y comprobó su temperatura. Estaba algo caliente, posiblemente tuviera un poco de fiebre. Después de hacerle un chequeo rápido comprobó que no tenía ningún hueso roto, pero había unas cuantas heridas que necesitaban ser curadas.

La mujer estiró su cuello cuando escuchó pasos. Conall se acercaba a ella trayendo consigo a una chiquilla de aspecto frágil y asustadizo. Sollozaba, agarrando fuertemente un objeto entre sus brazos. Thamar se urgió en llegar a su lado, haciéndose cargo de la situación. Las preguntas vendrían después.

—Conall llévale a casa y mételo en la bañera —El chico asintió y ella se giró hacia la pequeña niña—. Querida, todo irá bien. Estás a salvo ahora —Thamar habló con la voz más dulce que supo poner, al tiempo que se acercaba con lentitud—. Te llamas Lynn, ¿no es así?

—Sí —susurró entre hipos.

—Muy bien, Lynn. ¿Quieres comer algo? Tengo galletas y bizcochos recién horneados.

Thamar le ofreció su mano con una sonrisa en el rostro y esperó. La chica levantó su cara surcada en lágrimas y suciedad, y corrió a los brazos de la mujer. Thamar la envolvió con fuerza y le acarició la cabeza, murmurándole palabras de consuelo.

—Todo va a ir bien a partir de ahora, ya verás —dijo Thamar con seguridad, mientras la llevaba al interior de su vivienda.

Capítulo 1


Conall se despertó con la sensación de estar pegajoso por todas partes. Parpadeó varias veces antes de abrir por completo sus ojos azules. Miró a su alrededor. Todavía estaba oscuro, pero podía distinguir las paredes de su habitación llenas de posters de Simple Plan y de Guns N’ Roses. Bostezó y se desperezó. Notó entonces que algo se movía tras él, murmurando palabras que no llegó a entender. Sonrió cuando un brazo rodeó su cintura y lo estrechó contra el cuerpo musculoso que dormía a su lado. Se dio la vuelta y antes de poder hablar, unos labios apresaron los suyos en un apasionado beso mañanero.

―Buenos días ―dijo Conall mirando a su compañero de cama.

―… días ―le contestó éste.

Conall se rió entre dientes, Lope no era un hombre de mañanas. Nunca lo había sido. Desde que a los trece años Conall los encontrara a él y a su hermana gemela Lynn en el bosque de la manada, habían sido inseparables. Y cuando al cumplir los diecisiete, que era cuando un hombre lobo maduraba, habían descubierto que eran pareja, supieron que era el destino. Conall no conocía a nadie como conocía a Lope, y Lope le comprendía a él como otra persona u hombre lobo no podría haberlo hecho jamás. Dónde iba uno, iba el otro. Lynn siempre bromeaba diciendo que los gemelos eran ellos dos. Por eso, Conall sabía que Lope no era madrugador: era un ser nocturno. Podía trasnochar hasta el alba, pero al primer rayo de sol se iba a la cama hasta la hora de la comida. Sin embargo, él adoraba levantarse temprano y ver el amanecer desde el tejado.

Eran ese tipo de cosas las que los hacían perfectos el uno para el otro. Sólo había un problema. Y es que, aunque habían intentado acoplarse en más de una ocasión, el apareamiento no parecía durar más de unas pocas horas. Conall se estiró en su cama con la mirada perdida el techo. ¿Y si nunca lograban realizar el enlace? ¿Y si al final tenían otras parejas? Miró hacia Lope, sorprendiéndose al darse cuenta de que éste ya le estaba observando.

―Te preocupas demasiado ―susurró Lope con voz ronca.

―Y tú demasiado poco ―sonrió Conall y después soltó un gemido cuando una mano cogió su miembro y empezó a acariciarlo de arriba abajo. 

Cerró los ojos al ver que Lope desaparecía bajo las sábanas y engullía su erección matutina de una vez. Agarró los postes de la cama con la intención de no apresurar a su pareja, mordiéndose la lengua para no gritar. Sabía que con enterrar sus dedos en el cabello azabache de Lope lo tendría dispuesto y abierto para poderle follar la boca a la velocidad que quisiera. Y aunque le encantaba la sensación de correrse en la garganta de su pareja, esa mañana necesitaba algo más.

―¡Oh, Dios! ¡Para! ―exclamó.

Conall retiró de golpe las sábanas que cubrían sus cuerpos desnudos. La erótica vista de Lope tragando por completo su pene casi le hizo venirse.

―Ven aquí arriba ―gruñó Conall.

Lope sonrió y con un último lametón se colocó sobre el cuerpo de su compañero. Ambos gimotearon con la sensación de sus dos pollas juntas. Conall alzó una mano y rodeó la nuca de Lope, juntando sus bocas. Era un beso exigente. La lucha de sus lenguas demandaba un ganador. Y las manos manoseaban y pellizcaban todo lo que encontraban a su paso. Lope se separó, comenzando a besar el cuello expuesto de Conall.

―Nunca me dejas ganar, ¿por qué ahora sí? ―preguntó entre lamidas y mordiscos.

―Quiero que entres en mí ―dijo Conall contemplando el techo con la mirada perdida.

Lope le cogió de la barbilla y sus ojos coincidieron. Negro contra azul en un duelo de miradas. El moreno frunció el entrecejo. Quería saber qué demonios estaba pasando.

―Nunca me habías dejado estar arriba.

Conall suspiró, acariciando con el dorso de su mano la mejilla de su amigo. Veía todas las preguntas acumulándose en la cabeza de su amante.

―Entonces creo que es el momento.

―Yo pensé… ―Lope negó con la cabeza sentándose a horcajadas sobre el regazo de su pareja.

Entonces fue la ocasión de Conall de arrugar el ceño.

―¿Qué fue lo que pensaste? ¿Qué siempre serías el de abajo? ¿Qué nunca te dejaría entrar en mi culo? ―prorrumpió con una exhalación. Sobre él, Lope asintió―. ¿Porqué?

―Tú nunca querías que yo estuviera en ti. Varias veces he intentado introducir mis dedos, pero te tensas y te pones flácido. ¿Qué querías que pensara?

Lope se bajó de la cama y se volvió hacia la ventana, por donde ya despuntaba el día. Se apoyó en el marco y se quedó en silencio. Conall sabía que había hecho mal en guardarse esa parte para sí mismo, pero no tenía ninguna idea de cómo hacerle frente. Se masajeó el rostro con las palmas de las manos y entre sus dedos observó su pene, que aún se mantenía dignamente en pie, y decidió que era hora de terminar el asunto. Se levantó, yendo hacia su compañero de juegos, le rodeó con sus brazos, bajando una mano en busca de su miembro dándole un suave apretón y le susurró al oído:

―Estoy cagado de miedo. Siempre lo he tenido. Ya sabes lo mucho que odio el dolor ―Lope miró con la boca abierta el rostro abochornado de Conall.

―Yo nunca te haría daño.

―Lo sé ―respondió hincándose de hombros―. Y también sé que es una tontería, un miedo infundado porque veo cómo lo disfrutas tú, pero… está ahí.

Lope no tenía palabras para describir lo feliz que se sentía. De modo que se lanzó a los brazos de su pareja y le besó con tanta fuerza que cayeron en la cama. Una risotada se escapó de entre sus labios. Conall era tremendamente independiente y pocas veces confesaba que algo le daba miedo. La fogosidad que habían sentido antes se despertó de nuevo y pronto regresaron los gemidos y los juramentos a retumbar por la habitación. Lope devoró la boca de su amante, mientras éste amansaba su culo, el cual no podía dejar de tocar cada vez que estaba cerca. El hispano abandonó el beso, comenzando a lamer un camino entre el cuello y el pecho.

―Bueno, ¿cómo me quieres? ―murmuró entre quejidos Conall.

―Te prometo que será la mejor follada del universo ―dijo un muy sonriente Lope.

―Y la primera de muchas.

―¡Oh, joder! ¡Sí!

Conall estalló en carcajadas notando el entusiasmo de su amante, que continuaba lamiendo su punto débil justo en la clavícula. Suspiró de gusto y soltó un gimoteo de abandono cuando Lope se incorporó para buscar el lubricante. No estaba muy lejos, siempre lo dejaban sobre la mesita de noche. Las dos otras habitantes de la casa sabían de su relación, así que no había nada que esconder. Lope abrió el bote de aceite y golpeó el costado de Conall.

―Voltea y culo arriba.

Conall sintió una ola de placer recorrer su cuerpo al escuchar el sexy acento español que se le escapaba a su pareja cuando se ponía en plan jefe. Tendría que dejarle ponerse al mando más a menudo. Un chorro de un líquido frío se derramó entre sus nalgas y Conall enterró su cara en la almohada que tenía delante. No había que pensar, sólo había que sentir.

―Aún puedes echarte atrás.

Sorprendido, Conall encaró a Lope.

―Como te atrevas a parar, juró que no te follaré en un mes ―No había terminado de hablar cuando el primer dedo se introdujo dentro de él. Conall lanzó un grito de asombro y se mordió el labio. La sensación no era mala. Sólo extraña. Movió su trasero y el segundo dedo llegó. El truco de las tijeras que tantas veces había utilizado en Lope comenzó a preparar su culo. Y entonces Lope tocó un punto en su interior y Conall aulló.

―Ahí estás.

Sin dejar de tocar el punto mágico, Lope metió el tercer dedo. Para ese momento, Conall gemía incontrolado, rogando a voces.

―Lope, joder, ¡hazlo ya o no duraré!

No se hizo de esperar, sacó sus dedos, empapó bien su miembro con lubricante y de una estocada se introdujo en el interior de su amigo. Un rugido se escapó de su garganta. Era el cielo. Apretado, húmedo y caliente. Sobretodo esto último. Lope rezó para aguantar lo suficiente hasta que Conall le diera permiso para moverse. Imploraba que no tardara mucho. Cerró los ojos. No creía poder hacerlo.

Efectivamente, Conall empezó a sacudirse y Lope lo tomó como señal. Salió casi al completo y después volvió a entrar. Lo repitió varias veces, hasta que un bramido de su pareja de dio a entender que había encontrado el ángulo correcto. Y comenzó un vaivén dentro de la cavidad cada vez más rápido. Vio cómo Conall se agarraba a los postes de la cama y notó cómo se empujaba contra él en busca de una mayor profundidad. Las gotitas de sudor surcaban su espalda. Sacó la lengua y le lamió la columna, abajo su amigo gimió.

Los colmillos comenzaron a salir y Lope supo que había llegado la hora. Cogió a Conall por el pelo y de golpe dejó su cuello libre. Le mordió justo en el lugar que sabía que su amante adoraba logrando que éste se derramara, al mismo tiempo que se corría dentro de él. Y por primera vez, el nudo de su pene se extendió hasta la próstata de su pareja. Lope gruñó tragando el suave almíbar. Ambos tuvieron un segundo orgasmo que se prolongó aún más que el primero y cayeron inconscientes el uno encima del otro.


Les despertaron unos golpes en la puerta.

―¡Chicos! ¡Es la hora de la comida! ¡Levantad vuestros culos de la cama o entraré ahí y robaré el lubricante! ―Lynn estaba utilizando esa molesta voz aguda que tanto odiaban, mientras daba porrazos con excesivo entusiasmo. Conall y Lope gruñeron estirando sus engarrotados miembros, pero no se levantaron―. ¡Voy a entrar!

―¡Ya! ¡Ya! ¡Danos diez minutos! ―gritó Lope con voz pastosa―. Pesada entrometida ―susurró después.

―¡Te he oído!

Ambos muchachos refunfuñaron. Con un poco de dificultad, ya que su cuerpo parecía pesar el doble, Lope sacó su miembro flácido del interior de Conall y se tumbó a su lado. Lanzó un quejido, pero no se movió. A su costado, su compañero de cama se levantó, escapándosele un gemido. El hispano se volteó hacia él.

―¿Duele mucho?

Conall le sonrió.

―Es un buen dolor, sólo tengo que acostumbrarme… ―Entonces notó que algo se le escurría por entre las piernas y su primer pensamiento fue que hacía mucho tiempo que no se orinaba encima.

Lope se rió entre dientes mirando lo mismo que Conall. Lo señaló y dijo:

―Creo que eso es mío.

Conall levantó una ceja.

―No tiene ninguna gracia. Se supone que yo soy el alfa en esta relación. Y los alfas no permiten que el semen de sus compañeros riegue sus piernas hasta el suelo.

Lope salió de la cama soltando una carcajada, alcanzó a su amigo y le abrazó rodeándole la cintura, agarró su culo y le dio un fuerte apretón. Luego le besó, introduciendo su lengua en la boca de su pareja y logrando que gimiera. Conall le pasó los brazos por el cuello y sus dedos acariciaron el cabello negro ébano. Lope le estrechó contra sí haciendo presente sus buenos diez centímetros de más y besó su nariz, en un gesto divertido. Enterró su cabeza en el cuello de Conall y éste se relajó contra él.

―Ambos sabemos que eres el alfa siempre, pero en nuestra cama somos iguales ―musitó contra su clavícula lamiendo su marca de apareamiento, antes de que ésta desapareciera―. Además, admite que estás deseando mi semen en tu culo otra vez ―Y para remarcar sus palabras empujó su pene duro contra el de Conall que empezaba a despertase.

―Hijo de puta ―gruñó Conall besándole con fuerza tirando del cabello de Lope hacia abajo.

―Sí, ese soy yo, tú irresistible hijo de puta.


Lynn estaba terminando de poner la mesa. Ese día había cocinado lo único que sabía hacer: pasta. Tarareaba cuando escuchó pasos. Hizo una mueca cuando los vio acercarse en medio de besos y toqueteos.

―¡Buscaros una cama! ―exclamó haciéndose la ofendida.

―Tú nos has sacado de ella, querida hermana ―replicó Lope cuando se acercó a darle un beso en la mejilla a su hermana gemela. Ésta soltó una risita.

―Sólo me pareció extraño que Conall no se hubiera levantado, él siempre es el primero en desayunar ―explicó colocando los platos rebosantes de macarrones con tomate delante de cada comensal—. Por cierto, mamá ha ido a la reunión del Consejo de Ancianos. Dijo que fuerais a recogerla en la tarde —Los chicos asistieron y comenzaron a comer de inmediato. Lynn rodó los ojos y negando con la cabeza, se sentó en su lugar. Abrió su servilleta y la colocó sobre su regazo, después se fijó en Lope y Conall, que seguían engullendo, notando algo raro. Olfateó a su alrededor y clavó sus iris negros en el cuello de Conall―. ¿Ha pasado lo que creo que ha pasado? ―preguntó abriendo los ojos de par en par.

Conall frunció el entrecejo al advertir que Lynn miraba con firmeza su garganta. Se pasó una mano por la zona queriendo esconder lo que fuera que la gemela de su pareja estaba viendo, cuando una oleada de placer hizo que casi se derramara en sus pantalones. Lope sonrió, colocando su mano sobre el erecto pene. Conall le lanzó una mirada furibunda.

―¿Es que no te cansas?

―Nunca ―dijo con suficiencia acercándose para besarle.

―¡Oh, por favor! ¿Es que no os dais cuenta? ¡Estáis soltando feromonas de apareamiento! ―Ambos la miraron asombrados. Lynn se tapó la nariz―. Me estoy asfixiando por aquí. ¡Largaros a follar antes de que me desmaye!

Ninguno se lo pensó dos veces, saltaron de sus asientos y corrieron hasta su habitación. Instantes después gemidos y gritos llenaron el comedor. Lynn decidió que escucharía algo de música mientras comía sus macarrones. Se llevó el tenedor a la boca y sollozó. Era una jodida experta en hacer pasta. Tal vez debería pensar en abrir un restaurante.


Conall y Lope se tumbaron de espaldas sobre la cama, mientras esperaban a que sus respiraciones se normalizaran. Conall sonrió, después de tantas preocupaciones por fin podía estar tranquilo. Lope era suyo y sólo suyo, y nada podría separarles. Se giró hacia su pareja de vida y le arrastró a sus brazos. Éste colocó su cabeza sobre su hombro con un suspiro satisfecho. Había sido una buena follada. Conall no había permitido que Lope se corriera hasta el último momento y cuando el nudo se había extendido desde su pene hasta la próstata de Lope, ambos se habían venido como nunca en su vida.

―Aún no me lo creo.

―Créetelo Conall ―dijo Lope con decisión―, créelo.

Conall se echó a reír al escuchar la voz de su pareja en su mente. La felicidad lo inundaba todo. Y él no podía desear nada más. 



Para todos aquellos que hayan llegado hasta aquí, primero quiero darles las gracias y segundo, decirles que he preparado una guía del universo de Unión Divina. Todos aquellos que no sepan si continuar o no, les sugiero que se pasen por allí, que la lean y que luego decidan.


Muchos besos y espero que continuéis conmigo en esta fabulosa aventura.

9 comentarios:

  1. que divertida la historia , me gusto mucho la forma de ser de lynn, espero la continues es muy interesante, gracias por compartir

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  2. Me gusto como va, cuenta con que seguire esta historia.

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  3. Hola, el capi ha estado caliente, XD.
    Lynn es interesante, harás alguna historia sobre ella?

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  4. Gracias por el capi esta muy caliente esta genial.
    Metendras en tu pagina de ahora en adelante, besos

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  5. Hola! Gracias a todas por vuestros comentarios. El próximo lo postearé a la mayor brevedad posible. Y AureaAspen, sí tengo pensado hacer una historia con Lynn. Bss

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  6. Hola Ruby, me ha encantado el capitulo, ha estado muy bien. Gracias por compartir.
    Besosss

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  7. hola Ruby, gracias por esta historia, me ha encantado el capi!
    mary

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  8. Hola Ruby! Gracias por compartir tu historia con nosotr@s, el capitulo estuvo muy interesante y como dijeron mas arriba me tendras por aqui seguido. Besos

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  9. la historia esta genial me encantan los personajes animo y sigue escribiendo así muchísimas gracias

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¡Hola! Gracias por leer y tomarte un momento para comentar. ;)

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