sábado, diciembre 21, 2013

Volver por Navidad

Pues eso.

Como dice el título, vuelvo por Navidad. 

No voy a dar explicaciones acerca de los tres meses de mi vida más agobiados, atareados y estresantes de mi vida. Lo único que diré es que siento haber abandonado temporalmente el blog y que no, no he escrito ningún nuevo capítulo. 

La entrada de hoy la voy a dedicar a mi buena y estupenda compañera Milagro Gabriel, a la cual ya seguro que conocen por su fantástico blog.

Pues bien, Milagro Gabriel hace poco que se tiró a la piscina de las editoriales, publicando en NED algunos de sus libros. Y todo hay que decirlo, hace semanas que me pidió esta entrada. Por supuesto, yo le dije que la haría encantada y aquí estoy. Siento el retraso, chica, la vida del estudiante es lo que tiene. 

A continuación, tengo el honor de presentarles el enlace a su página en la editorial, donde pueden descargar el primer capítulo gratis y comprar sus obras.

Y recuerden, si les gustan, no está de más como regalo de Navidad.

Milagro Gabriel en NED

Un beso y sean buenos.

sábado, agosto 31, 2013

Septiembre

Hola!

Esta entrada es meramente informativa. Como ya me imaginaba, el capi 10 lo voy a publicar después de mis exámenes. Porque ahora mismo he parado por completo tanto la historia corta del crucero como la serie de Unión Divina. 

Lo cierto es que no me concentro y todo lo que escribo no me gusta y perder el tiempo de esa manera, es tontería. 

Así que vais a tener que disculparme, pero las cuotas universitarias aquí en España son cada vez más caras y yo no recibo beca, así que tengo que hincar codos. 

A ver si los exámenes pasan rápido y en un par de semanas estoy de vuelta por aquí ya más relajada. 

Un beso a todos y muchas gracias por seguir ahí.

Edito: Gracias Elonoe por el premio! En cuanto pueda hago lo de las preguntas y demás. Un beso!

sábado, agosto 24, 2013

Déjate capturar: Capítulo 9

¡Buenas!

Aquí estoy de nuevo, con un nuevo capi y algunas noticias. 

La buena es que ya he empezado el capi 10 y que me gustaría tenerlo, como muy tarde, para la primera semana de septiembre. La mala es que esa semana empiezo los exámenes y voy a tener que volcarme en estudiar estos días, así que no puedo prometer nada. Pero haré lo que pueda.

Me siento muy halagada por los bonitos comentarios que me dais sobre la historia, yo más que nadie me alegro de que os guste. Siempre anima a continuar saber que a la gente le gusta lo que haces. 

Muchas gracias por seguir conmigo y no desilusionaros porque a veces tarde mucho en publicar. Por desgracia la universidad coge mucho de mi tiempo libre, estoy segura de que me entendéis, ;).

Y ahora el capi. 

¡Muchos besos!





Capítulo 9

Lyall rodeó con pequeños pasos la mesa hasta quedar justo en frente de la fiera, que sin dejar de gruñir no les quitaba los ojos de encima. Maldijo en voz baja por haber sido tan idiota. «¿Cómo no lo había visto venir?» Un lobo acoplado podía transformarse fuera del influjo de la luna llena. «¿Pero un cambiaformas que no se había convertido nunca en su forma animal también podía hacerlo?» Lyall acababa de descubrirlo.

Se pasó la mano por el pelo. Su cabeza daba vueltas intentando buscar la forma de sacar a su pareja sin poner en peligro ni a él ni a su hermano.

Connor quería aproximarse a su amigo, sabía que estaba más asustado que cualquier otra cosa. Podía verlo. «¡Joder! ¡Él lo estaría si de repente se hubiera vuelto un peludo de cuatro patas!».

—No te acerques, Conny susurró.

Pero es Phel se lamentó Connor.

Está pasando por su primer cambio, hasta que su lobo y él se acostumbren a su mutua presencia, desconocemos cómo puede actuar. Es mejor quedarse fuera de su alcance.

Pero es Phel ―repitió―. Él nunca nos haría nada.

―Eso no lo sabemos ―respondió tajante Lyall.

Connor le rodeó con sus brazos y le abrazó, no quería tener miedo, pero nunca había visto a un lobo tan grande. Ni siquiera Lyall le había mostrado su forma animal para no asustarlo, a pesar de que Connor había insistido mucho. Lyall siempre decía que no era de tamaño normal y ahora podía asegurarlo. Una bombilla se encendió en su cabeza.

―¿Porqué no te transformas?

Lyall le miró sorprendido y negó con la cabeza.

―Me vería como una amenaza. Y entonces seguro que nos atacaría.

―¿Y qué hacemos?

―Lo único que se puede hacer en esta situación: esperar.

Connor resopló. «Estupendo».


La vista era desoladora. Su taller. Su amado taller hecho pedazos. Lope gimió. Ahora tendría que empezar de nuevo. Menos mal que tenía algunos ahorros y esperaba que algo quedase dentro del local que se pudiese salvar. Alguien tras él le rodeó con los brazos besando su nuca. Sintió la calidez y el apoyo de Conall, y se recargó en su pareja que no tuvo problemas para sostenerle, a pesar de los diez centímetros que los diferenciaban.

―Lo solucionaremos.

―Lo sé ―asintió Lope con decisión.

―Lo siento ―dijo una voz por detrás de ellos. Dee se abrazaba a sí misma, apretujando la camisa de Lope, varias tallas más grande que ella―. Sólo pensaba en mis cosas. No tenía ni idea de que tan mal se vería todo.

El hispano observó el desastroso escenario y vio la tristeza en los ojos de su compañera. Suspiró. Si bien era cierto que le molestaba tener que reconstruirlo todo de nuevo, odiaba más la idea de haber podido perder a dos de sus compañeros. Se acercó a la chica y la abrazó, colocando su mentón sobre el cabello castaño.

―¿Qué… porqué? ―preguntó entrecortadamente, sin abrazarle de vuelta ni dando muestras de querer apartarse.

―Tu aún no lo sabes, pero nosotros tenemos una conexión. Estoy seguro que ya la has sentido más de una vez.

Lope notó que Dee se relajaba y asentía. Le puso un dedo sobre la barbilla y levantó el rostro de la muchacha. Sus ojos dorados le miraron confundidos.

―Pronto todo tendrá sentido, pero ahora de nada sirve lamentarse, ¿de acuerdo? ―dijo sonriendo el hispano y besó la nariz de la chica.

Dee asintió sorprendida por la muestra de afecto. Se separaron y Lope se dirigió a paso rápido hacia los escombros de lo que antes era el taller, dónde Conall ya estaba trabajando.


Phelan estaba cagado de miedo. Sólo unos segundos antes había estado discutiendo con su hermano y ahora estaba lleno de pelo y sobre cuatro patas. Y toda su ropa estaba desgarrada y regada por el suelo. ¿Y por qué no podía dejar de gruñir? No entendía nada. Veía a los dos jóvenes delante de él y apenas podía reconocerlos. Recordaba las ocasiones en las que habían estado juntos y sus conversaciones, pero de alguna forma no era lo mismo. Sabía quiénes eran y que eran importantes para él, aunque no terminaba de encajar el porqué. ¿Cómo había llegado a esto? La mente humana de Phel se debatía sin saber qué hacer.

Su lobo, sin embargo, estaba exultante y quería ir a correr al bosque. Phelan no podía permitir eso… ¿verdad? ¡Era una locura salir cuando cualquiera podía verte! Y al mismo tiempo, ¡era tan tentador! Sólo dejarse llevar y permitir que su otra mitad tuviese el control. El animal aulló de gusto ante esa idea. Tras unos momentos de lucha interior, Phel se relajó acordando no oponer resistencia, decidió que podía hacer algo arriesgado por una vez. Y el lobo saltó por encima de las cabezas de sus asustados espectadores y salió de la casa atravesando el cristal de la ventana, que se rompió en cientos de pedazos.

Olfateó con el hocico en alto, el aire sabía a libertad. Se internó con rapidez en el bosque, sintiendo la tierra bajo sus garras. Cada pisada era un escalón más lejos de su pasado. Phelan sintió su corazón hinchado de orgullo. Si tan sólo su padre le viera ahora, estaba seguro que era incluso más grande que Lyall. Gruñó recordando su niñez. Ojala hubiera podido cambiar antes. No le habrían pasado la mitad de cosas que había tenido que sufrir. ¡A ver si Silvester se atrevía a meterse con él! Estaba deseando enseñarles a todos el tamaño de su lobo. Aulló en mitad de su carrera, triunfante, sintiéndose el ganador por vez primera.

Alargó la huida hasta que sus patas empezaron a doler y sus pulmones quemaban por el esfuerzo. Apuesto a que tendría agujetas después de esto. Desaceleró el paso, llegando al lago que había a unos quilómetros del pueblo de la manada, y se tumbó en la orilla inhalando los diferentes aromas del bosque. Las flores, los animales, incluso los insectos, cada uno era un mundo nuevo. Cerró los ojos sintiéndose calmado, dejando que desconocidos sonidos inundaran sus orejas por primera vez. Oyó arrullo el del agua y el canto de los pájaros, el rumiar de las ardillas y el batir de alas, el silbido del viento y… ¿el ronroneo de un motor?

Phelan alzó la cabeza, alerta de pronto. Aquel era un bosque inmenso y las tierras pertenecían a la manada. Quienquiera que estuviera allí, había entrado sin permiso y no había ido con buenas intenciones. Se incorporó con presteza decidido a indagar de dónde venía el ruido y porqué había alguien en aquel lugar. Trotó todo lo silenciosamente que pudo hasta entrar de nuevo dentro de la seguridad que le daba el forraje y los árboles, y después siguió a sus oídos.

No fue difícil encontrar al intruso, que sin intentar esconderse estaba sentado con una pierna a cada lado de la moto, una de esas ligeras y rápidas que se utilizaban para correr por tierra. El olor a gasolina y a rueda quemada anegaban la zona. Se agazapó entre dos arbustos para poder mirar mejor: un casco y unas gafas de sol le impedían ver el rostro, pero Phelan memorizó cada rasgo del medio de transporte y de su conductor. La motocicleta, cuya pintura blanca y roja no sería difícil de reconocer, permanecía encendida con la mano del extraño en el puño del acelerador, mientras asentía al móvil que sostenía con la otra.

No, no los he encontrado aún… Sí, lo sé, pero… Está bien… Dalo por hecho.

Terminó la comunicación soltando una maldición a la vez que guardaba el teléfono en uno de los bolsillos de la cazadora de cuero verde oscuro que llevaba. Después miró a su alrededor y con un movimiento de muñeca se fue entre una nube de polvo y tierra.

Phelan estuvo tentado a seguirle, su parte lobuna se moría por darle caza, pero en esta ocasión fue su parte humana la que llevó las de ganar. Sacudiéndose, salió de su escondrijo y observó al desconocido hasta que se perdió más allá de donde alcanzaba su vista. 

Sabía que debía avisar a la manada, así que puso en marcha sus patas y no dejó de correr hasta llegar a su destino. De repente, un dulce y afrodisiaco olor atrajo sus sentidos, y cambió de dirección. Las casas y cabañas de madera de veían borrosas mientras corría con la lengua fuera y el hocico dirigiendo su camino. El tufo a chamuscado le hizo reconocer dónde estaba y aulló de felicidad al ver a sus tres parejas mirándole entre asombrados e incrédulos.


Un escalofrío le recorrió la espalda y la hizo incorporarse de dónde estaba agachada apartando los restos destruidos del taller. Se dio la vuelta y comenzó a hiperventilar cuando se encontró de frente con el gigantesco lobo que la miraba como su fuese su próxima cena. Dee tragó saliva viendo de reojo como, igual que la última vez, la gente les rodeaba poco a poco expectantes de nuevos acontecimientos. Frunció el entrecejo. «¿Por qué le pasaban estas cosas a ella? Primero una explosión y ahora un lobo. El segundo en menos de un día y medio». Vio que trotaba hacia ella y dio un paso atrás.

Entonces el lobo paró, se sentó sobre sus cuartos traseros y ladeó la cabeza. Eso sí que nadie se lo esperaba. Varios aguantaron la respiración. Lope y Conall se acercaron lentamente a ella en actitud protectora, pero de alguna forma no parecía haber un peligro inminente. Dee inspiró y sin quitar la mirada de los ojos verdes del animal caminó hacía él. Los dos chicos intentaron impedirlo, pero se escabulló.

«¡Era una locura! ¡Se había vuelto loca! ¿Quién se acercaba a un animal salvaje que podía arrancarte la cabeza de un bocado? –Porque ese lobo tenía la boca lo suficiente grande para hacer eso y más–. Ella, por supuesto». Daba un paso cada vez, tanteando el terreno. Como el “bicho peludo ese” se moviera un centímetro, Dee pensaba correr los quinientos metros lisos y encerrarse en su habitación hasta que sus padres vinieran a por ella.

Estaba a menos de dos metros, cuando el lobo se tumbó y gimoteó, mirándola con ojos de corderito degollado. Y su miedo se esfumó. Dee fue hasta él, se arrodilló y con cuidado puso su mano sobre la cabeza del animal, que cerró los ojos y su pelo empezó a desaparecer.

Y tal como los Dioses lo trajeron al mundo, Phelan apareció y sonrió, en medio de un millar de gritos y maldiciones.

martes, agosto 20, 2013

¡Premio Erotic+!

¡Hola!

Aquí estoy, y a pocos minutos de haber finalizado el Primer Aniversario del blog Erotic Ruby, quisiera presentar un premio que he creado.

Se trata del Premio Erotic+ (yo lo llamo Erotic Plus, XD):


Al entregar este premio se deben responder a las preguntas que vienen a continuación. Hay dos modalidades, la de lector y la de autor/escritor. Se puede responder a las diez, si eres ambas cosas, o sólo a cinco. Lo dejo a vuestra elección. Y se tiene que avisar al blog premiado 

Lector:

1. ¿Qué tipo de libros son tus favoritos? ¿Los de romance, los de misterio, ciencia ficción, etc.?
2. ¿Cuántos libros eres capaz de leerte en un buen mes? ¿Y en uno malo? 
3. ¿Vampiros u Hombres Lobo?
4. ¿Tienes un personaje favorito?  
5. ¿Y un autor favorito?

Autor/Escritor:

1. ¿Qué tipo de libros prefieres escribir? ¿Hay algún género que te resulte más fácil?
2. ¿Qué te resulta más difícil de escribir: el principio o el final?
3. ¿Vampiros u Hombres Lobo?
4. De todos los personajes que has creado, ¿tienes un favorito?
5. Todo/as sabemos que de vez en cuando (bastante a menudo) hay un personaje que se niega a hacernos caso, para hacer lo que le da la gana. ¿Cuál es el personaje que más se te ha ido de las manos?

Mis respuestas:

Lector:

1. Mis favoritos son los que mezclan varios géneros, pero mis favoritos son los de género fantástico. Aunque el de ciencia ficción también me gusta bastante últimamente. 
2. En un buen mes puedo llegar a leerme cuatro o cinco por semana. Y en un mal mes, uno o dos en el mes.
3. Hombres lobo.
4. No, aunque tengo un tipología de personaje favorito: me gustan los personajes pícaros, duros por fuera pero de gran corazón.
5. Me debato entre Stormy Glenn, Evangeline Anderson y Gaby. 

Autor/Escritor:

1. Me remito a mi respuesta anterior, el género fantástico es mi favorito, con el de ciencia ficción siguiéndole de cerca.
2. Sin duda el final. El principio es lo más fácil.
3. Ambos.
4. Hay dos personajes, una chica y un elfo, que no salen hasta el tercer libro. Ellos son mis favoritos.
5. Hasta ahora, los más incontrolables han sido Dee y Phelan. (¿Recordáis la escena en la que Phelan se convierte? Pues eso lo había planeado para el final del libro, pero Phelan pudo conmigo, XD)

Los 10 blogs a los que les otorgo el premio:

Los deseos de Gaby... y de Rub también
Olimpo del Amor sin Fronteras
Brad Pack C
Blue Sensation
The Dream of Desire
Homoepub
Esto es lo que deseo...
Te Cuento Una Historia de Amor
Las Noches de Awen
Las Tres Ls

¡Un saludo y muchos besos!

viernes, agosto 16, 2013

¡Un premio!

¡Hola!

Aquí otra vez, XD. En esta ocasión es para presentar un premio que le ha otorgado a al blog, Las Noches de Awen. ¡Muchísimas gracias! Y de paso te felicito por tu reciente cumpleaños, Congratulations!

Y ahora el premio:


1- ¿Qué te gusta más cocinar postres o platos de cuchara?
Mmm, yo la verdad soy más de comidas que de postres, así que lo segundo.

2- ¿Qué es lo más importante para ti en una persona, la personalidad o el físico?
La personalidad. Es cierto que el físico atrae, pero al final es mejor una buena personalidad que un buen físico y cero cabeza.

3- ¿Desde cuándo empezaste con tu blog o página?
En dos o tres días, hará un año.

4- ¿Quien fue la persona que te inspiró en este mundo?
Mi abuelo. Allá donde estés, cuídate. 

5- ¿Sueles seguir muchos blogs o te llegan los seguidores por otras personas que te han conocido?
Sigo muchísimos blogs, XD.

6- ¿Qué te gusta más cocinar o que te cocinen?
Cocinar, no siempre me gusta lo que otros cocinan para mi.

7- ¿Comes en casa o en el trabajo?
En casa, siempre.

8- ¿Sueles hacer recetas de verduras?
Me encantan las verduras, así que sí. Sobretodo en invierno.

9- ¿Cuál es tu mejor receta?
Las pizzas y la pasta me salen genial.

10- ¿Qué es lo que pides a una persona para que sea tu amiga?
Que sepa escuchar, porque yo hablo un montón. XD

11- ¿Cuál es la mejor película que has visto?
Imposible de decir. Ha habido muchísimas que me han gustado.

Los 20 blogs ganadores:
Bueno, dado que no conozco ningún blog que no tenga el premio, se lo doy a todos los que no lo tengas.

¡Muchos besos!

jueves, agosto 15, 2013

¡Nueva historia!

¡Hola!

Pues aquí me encuentro de nuevo, aunque sigo con mi mala conexión. Hoy os traigo la sinopsis y una pequeña escena de la que pretendo sea mi nueva historia. La he llamado, Nunca digas nunca. (Está muy trillado, lo sé).

Aún no está terminada ni nada, pero espero hacerlo en breve. Como pretende ser una historia corta, no voy a colgar los capítulos, sino que la publicaré ya terminada. 

Así que si a alguien le gusta y se anima a hacerle una portada o algo, bienvenido será, XD.

¡Muchos besos!

La Sinopsis:

En un crucero se celebra la reunión de los 10 años de ex-alumnos del instituto Masters High. Ahora la mayoría han terminado sus carreras y están ocupados en sus trabajos. ¿Se reanudaran las viejas rencillas o el paso a la adultez a cambiado a algunos para mejor?

Estando en el instituto, Clio Emerson y Alan Samuels se hicieron amigos cuando Trevor Richards los engañó a los dos a la vez. Con sendos corazones rotos se consolaron mutuamente y ya nunca se han separado.

Ahora Clio es una escritora y periodista de éxito, y Alan, un afamado modelo gay. Han vivido entre galas de premios, fiestas de famosos y desfiles de moda; lejos de su instituto, sus familias y, sobretodo, lejos de sus compañeros de clase. De uno en particular. Y no tienen intención de regresar.

Trevor siempre se arrepintió de no haberles confesado sus sentimientos a las dos únicas personas que ha amado en toda su vida y piensa que ya es muy tarde para hacerlo. Así que derrama sus sentimientos en las canciones que compone para su grupo, logrando llevar a “The Reds”[1] a la cima del estrellato.

Pero entonces una invitación llega a sus buzones y esas tres personas separadas por un error adolescente vuelven a juntarse.

Clio sólo quiere que los días pasen rápido para volver a su casa y Alan quiere ligarse al camarero buenorro de turno, pero Trevor Richards está ahí y esta vez es para quedarse.


[1] Cuando fui a ponerle un nombre al grupo, “The Reds” fue el primero que se me ocurrió. Sólo después, al darme cuenta de que podía ya estar siendo utilizado, lo busqué en internet. Y resultó que había algunos grupos que tenían ese nombre, XD. Aún así se lo dejé, porque no encontré nada mejor. Por supuesto, todos los derechos, etc, les pertenecen y yo no gano nada con esto.


Y la escena: 

—Oye, eres una morenaza de grandes ojos castaños, piel sonrosada y curvas generosas. Podrías ser el sueño húmedo de cualquiera.

Clio soltó una risita y luego sonrió con ternura a su amigo que siempre tenía bonitas palabras para ella. Negó con la cabeza. Iban de camino al salón principal del barco y ambos estaban nerviosos, y cuando lo estaban tendían a hablar demasiado. Ni siquiera recordaba haber llegado a ese tema.

—Excepto el tuyo.

—¡Eh! Ya sabes que si me gustasen las mujeres, tu serías mi elegida —exclamó con un ademán presuntuoso Alan.

Clio amplió su sonrisa recolocándole un mechón de pelo rubio tras la oreja y lanzó un lánguido suspiro contemplando con recelo a las puertas de entrada. De repente, tenía dolor de barriga. «Estupendo». Alan le acarició la mejilla logrando que le mirara y tirando de ella hacia su pecho la abrazó, colocando su cabeza sobre el cabello azabache. Se apoyó sobre él como si de un refugio se tratara y cerró los ojos disfrutando de la cercanía. Alan siempre lograba envolverla completamente gracias a su cabeza de más y sus tonificados y fuertes brazos. Clio sonrió con el rostro escondido en la camisa de él recordando porqué siempre lo utilizaba en sus propias fantasías y cómo el héroe de todos sus libros.

—Por si te sirve de algo, mantengo mi promesa —susurró el chico cerca de su oreja.

—Treinta y cinco, ¿eh?

—Treinta y cinco, sí.

Unos momentos después se separaron, inspiraron hondo y cogidos del brazo traspasaron las puertas de madera.

Parpadearon sorprendidos. Aquello no era para nada como lo habían pensado. De pronto, Clio se sintió fuera de lugar y sus ojos no pudieron evitar otear el lugar en busca de posibles huídas. Alan se dio cuenta y la sujetó con fuerza. Estaban en medio de una lucha de miradas cuando alguien llamó su atención.

—¡No me lo puedo creer! ¡Clio Emerson y Alan Samuels! Pensé que ya no ibais a venir, como fuisteis los últimos en confirmar la asistencia…

Y allí estaba. En todo su esplendor: Jacinda Linley, animadora jefe, reina del baile y la chica más popular del instituto. Y para horror de Clio, los veintisiete no habían hecho más que mejorar lo que ya estaba presente cuando era una adolescente: su delgada y alta figura, sus voluminosos pechos y sus muy largas piernas. Por no hablar del trasero, por el que más de uno había incurrido en alguna falta o desgracia. Jacinda Linley de cabellos rubios y maquillaje perfecto: la antítesis de Clio Emerson. La protagonista del tormento y sus pesadillas de adolescencia. Allí estaba, frente a ella. Más hermosa y atractiva que nunca.

Le temblaron las rodillas. Si no hubiera sido por Alan, Clio se habría ido redonda al suelo. Cerró los ojos y deseó estar de vuelta en la terraza de su chalet escribiendo tranquilamente bañada por el sol y con vistas al océano pacífico.

—¡Oh, cariño! ¿Te encuentras bien?

Las palabras la sacaron de su ensoñación. Parpadeó enfocando la cara que tenía delante y unos ojos azules le devolvieron la mirada.

—Sí, Jass. Sólo ha sido un pequeño mareo.

—Oh, querida, cuánto lo siento. No te olvides de pasar por la enfermería si la cosa se pone peor. ¡Me alegro que hayáis podido venir! ¡Chaito!

Clio y Alan se miraron, y gimieron al unísono: habían vuelto al instituto.

domingo, agosto 11, 2013

Déjate capturar: Capítulo 8

¡Hola!

Espero que os lo estéis pasando bien en las vacaciones, yo ya he vuelto de las mías. Ahora me toca ponerme a estudiar para los exámenes de septiembre, pero antes toca publicar el nuevo capi.

El internet es un poco deficiente, porque estoy en alta montaña y apenas lo capta, pero he conseguido un par de rayitas en la conexión, así que voy a aprovechar antes de que desaparezcan. (Si hay algún fallo, es de la conexión).

¡Un abrazo!


Capítulo 8

Lope sonrió viendo la situación acaramelada que había frente a él.

—Veo que todo terminó bien.

Conall dejó salir una de sus pícaras sonrisas y le indicó con un dedo que se acercara. Lope tiró su toalla lejos y gateó por la cama hasta quedar encima de él. Phelan jadeó. ¡Cómo iba a disfrutar estar en la cama con aquellos dos hombres! Tras besar a Conall, el hispano se volvió hacia él y cubriéndole con su cuerpo juntó sus labios, en lo que prometía ser un preludio de lo que sucedería después. Luego bajó por su cuello y lamió la marca de Conall. Phelan gimió, notando como cada uno de los músculos encajaban a la perfección con los de él.

Creo que a nuestro compañero le gustan los mimos dijo travieso Lope.

Por supuesto que le gustan aprobó Conall.

Phelan suspiró de gusto viendo como Lope y Conall se besaban otra vez. En algún momento, tras haber descubierto que tenía tres parejas, pasó por su mente que tal vez tendría celos de verlos entre ellos, pero descubrió sorprendido que no era así. Todo lo contrario, de hecho le excitaba.

Espero que me hayas echado de menos, porque me niego a volver a dormir en otro sitio que no sea nuestra cama declaró Lope.

Eso ni lo pienses habló Conall.

Bien —asintió el hispano, luego palmeó el muslo de su compañero. Bueno, en pie. Tenemos una pareja a la que conquistar.

Entonces se levantó de la cama y se dirigió a los cajones del armario. Conall resopló y se dejó caer en el colchón. Phelan se rió y se levantó antes de que Conall pudiera atraparle. Mientras Lope se vestía rodó los ojos, después decía que era él el incansable.

¡Mierda! exclamó en aquel instante Phelan dándose un manotazo en la frente. Los dos lobos le miraron con extrañeza. ¡Se me ha olvidado la ropa en casa de mi hermano!

Lope negó con la cabeza, mientras Conall soltaba una carcajada. 


Tras haberse lavado la cara y hecho sus necesidades, Dee comenzó a vestirse con la ropa que le había dejado Lynn. Suspiró viendo como sus pechos sobresalían un poco demasiado de la camiseta de tirantes. La subió un poco hacia arriba, pero entonces su ombligo quedó al aire. Cerró los ojos y decidió que aquello no iba a afectarle, pero después de haber perdido gran parte de sus cosas en la explosión se preguntó cómo no iba a hacerlo. Terminó de abrocharse los vaqueros, entró al baño y se miró al espejo.

«Por todos los diablos, parezco un putilla barata. ¿Cómo iba a presentarse de esa guisa delante de todos ellos? No, de eso nada». Regresó a la habitación y con decisión se dirigió a la puerta dispuesta a robarle a Lynn algo que enseñara menos, pero al abrirla se encontró de frente a Lope.

El hispano no pudo evitar echar una ojeada de arriba abajo a la joven. Estaba para comérsela, y su lobo no podía aguantar para saborearla. Pero aún no era el momento, así que tomó una larga inspiración y le dio una sonrisa. Dee enrojeció notando el repaso y se cruzó de brazos para intentar cubrirse. Sin éxito.

—¿Querías algo?

—Ha sido Lynn, ¿verdad? —contestó Lope señalando el atuendo de la chica. Ella asintió.—. Mi hermana tiene un retorcido sentido del humor.

—Ya lo creo —susurró Dee envolviéndose a duras penas con los brazos.

—Toma mi camisa —dijo con rapidez poniéndosela a ella sobre los hombros—. No es gran cosa, pero es mejor que...

—No, es genial, gracias —replicó Dee intentando no mirar el torso desnudo del chico.

Mi madre nos ha dejado el desayuno en la nevera, espero que tengas hambre. —No hubo ni terminado la frase cuando el estomago de Dee hizo acto de presencia—. Eso parece un sí.

Lope sonrió y a Dee se le colorearon de nuevo las mejillas. Como siguiera así iba a parecer un Papa Noel de los que vendían en las tiendas. Aún así se la devolvió.

Cuando llegaron a la cocina allí ya estaban los otros dos muchachos, pero no había ni rastro de Lynn o de Thamar. Lo que sí que había era un delicioso banquete de tostadas, mantequilla, mermelada, bacon, huevos revueltos y chocolate. Dee se relamió los labios, hacía mucho tiempo que no veía un desayuno en condiciones. «¡Cómo echaba de menos las comidas de su abuela!» Suspiró, se sentó en la mesa y comenzó a servirse un poco de todo.

Entonces escuchó una risa que captó la atención de la chica. Levantando la mirada vio a Phelan, que apoyado sobre la encimera, sonreía. Dee observó su atuendo y como no podía hablar ya que su boca estaba ocupada, frunció el entrecejo y le señaló con el dedo.

―Conall. ―Fue su explicación cogiendo el dobladillo de la camisa que le llegaba a los muslos.

―Tú también… ―Dee abrió los ojos.

―No. ―Phelan negó con la cabeza―. Mi maleta está en casa de mi hermano. Después iré a por ella.

Dee asintió y continuó comiendo perdida en sus pensamientos.

Conall a su lado la espiaba de reojo, sin saber muy bien cómo empezar una conversación. «¿De qué se podía hablar con una chica? ¿De maquillaje?» Resopló. Con Phelan había sido más fácil, después de todo se conocían de antes. Pero ella era una desconocida, aparte de que no era una loba, y aquello último iba a ser ‘algo’ complicado de explicar. Conall cogió una tostada y la mordió. Y resopló de nuevo.

Lope contempló a los que el destino había elegido como sus compañeros de vida y sonrió. Aunque todavía les quedaba un largo camino por recorrer, esperaba que todo saliera bien. No obstante, y a pesar de la felicidad que le rodeaba, su mente regresó a la bomba que había destruido su taller y el coche de Deeann. Frunció el entrecejo. «¿Quién les odiaría lo suficiente para intentar matarlos?» No lo sabía, mas pensaba averiguarlo.


Phelan tocó el timbre y esperó. Segundos después un Connor recién duchado le abrió la puerta. Phelan le saludó con la mano y su amigo le miró con desconcierto.

―¿Qué demonios llevas puesto?

―Buenos días, ¿has dormido bien? ¿Te apetece entrar? Sí, gracias. ―Connor parpadeó y Phelan se hizo espacio para pasar al interior de la cabaña.

―Vale, ahora sí que quiero saberlo todo. Tu nunca usas la ironía a no ser que algo muy fuerte haya pasado ―dijo Connor cerrando la puerta y siguiendo a Phelan al salón, dónde éste estaba―. Siéntate y habla.

Phelan bufó y se dejó caer en el sofá, tumbándose todo lo largo que era. Se rascó la cabeza. «¿Cómo empezar?», se preguntó. Le dolía la cabeza. «¿Por su infancia, quizás? No, esa historia ya se la había contado. ¿Tal vez por…?». Quién se iba a imaginar todo lo que había pasado en menos de un día. Giró la cabeza al escuchar un resoplido proveniente de Connor, que esperaba impaciente sentado en el otro sillón.

―Puedes empezar cuando quieras.

Phelan se rió. «¿Quería empezar? Iría al grano entonces».

―Anoche me acosté con Conall y esta mañana me he morreado con Lope.

Connor tardó unos minutos en comprender sus palabras. Phelan supo que las había asimilado cuando soltó un grito ahogado y se puso de pie de un brinco.

―¡Venga ya! ¡Estás de coña!

―Nop ―dijo Phelan poniendo sus manos detrás de la cabeza.

―¡Ay, mi madre! ―exclamó Connor―. Lyall te mata.

―¿A quién voy a matar? ―preguntó una voz por detrás.

Connor se dio la vuelta sonriendo inocentemente y Phelan se sentó lo más recto que pudo en el sofá. Lyall se acercó a su prometido rodeándole con los brazos y le besó. Luego miró de uno a otro.

―¿Y bien? ―Lyall alzó las cejas.

―Phel se ha acostado con Conall y con Lope ―dijo con celeridad.

―¡Connor! ―protestó Phelan levantándose de golpe.

Connor hizo una mueca de disculpa y Phelan se desplomó en el sofá suspirando. Lyall miró entonces a su hermano pequeño arrugando el entrecejo. Caminó hasta él y cogiéndole de los hombros le hizo ponerse a su altura y comenzó a zarandearle.

―¿En qué estabas pensando, Phel? ¡Nuestro padre se va a poner furioso!

Phelan se soltó del agarre cruzándose de brazos.

―¿De qué hablas?

Connor observó el duro intercambio de miradas entre los dos hermanos, sin saber qué hacer. Miraba de uno a otro queriendo decir algo, pero sin que ninguna palabra saliera de su boca. Lyall se pasó la mano por el pelo y gruñó.

―Vamos a la cocina. Odio discutir con el estómago vacío.

Los dos amigos se miraron y le siguieron en silencio, uno triste y el otro encrespado, «¿a qué venía eso?»


―¡Cómo te atreves! ¿Cómo pudiste decirle eso a padre? ―gritó iracundo el hermano pequeño dando un golpe tan fuerte en la mesa que toda ella tembló―. ¡Yo soy gay! ¡Lo he sido siempre!

Lyall entrecerró los ojos alzándose en toda su altura, algunos centímetros más alto que Phelan. Connor cerró los ojos y negó con la cabeza, recargándose en la silla. «Y allá iba».

―¡Tal vez pensé que tu pareja podría ser una mujer! ¡No dos estúpidos machos alfa!

―¡Pues pensaste mal! ¡Y ellos no son estúpidos! Fueron los únicos que me trataron como alguien normal cuando me di cuenta de que no podía cambiar ―dijo clavándole el dedo en el pecho a Lyall.

Phelan notó el agua en sus ojos, pero no le hizo caso.

―¡Y me han aceptado sin preguntar nada! ¡Porque yo soy su pareja y eso les basta! ―Cogió aire mientras algunas lágrimas caían por sus mejillas. Con los brazos a los lados y las manos en puños continuó―. Siempre pensé que un lobo estropeado como yo nunca podría tener una pareja…

Un sollozo salió de su garganta que él pronto reprimió. No se dio cuenta cuando el pelo empezó a salirle de las manos y sus uñas crecieron hasta convertirse en garras. Gotas de sangre cayeron al suelo. Connor alargó el brazo para consolar a su amigo, pero su prometido lo impidió colocándose delante.

―Pero ahora tengo tres ―gruñó y al mirar a su hermano sus ojos adquirieron un nítido color verde esmeralda―, ¡y son míos!

Un aullido retumbó en las paredes e instantes después un lobo de enormes proporciones se encontraba en el mismo lugar en el que antes había estado Phelan.

miércoles, junio 05, 2013

Déjate capturar: Capítulo 7

¡Por fin! 

Uff, no sabéis las ganas que tenía de tener un par de días libres para poder terminar el capítulo, echarle el visto bueno y poder publicarlo.

Este segundo trimestre ha sido horrible, entre el accidente doméstico de mi madre -está bien, sólo un esguince-, los trabajos de la universidad y y los exámenes, parciales, etc; no ha habido ni un fin de semana libre. Pero por fin, tras el parcial de ayer, me he tomado un ratito para continuar la historia, que ya era hora. Espero que cuando se terminen los examenes a finales de junio pueda avanzar más rápido.

Por ahora, os dejo con el capítulo 7, espero que lo disfrutéis. Y ya sabéis, faltas de ortografía y demás, me lo decís. 

¡Besos!


Capítulo 7

En un momento dado, Conall empezó a estirarse y gimió. Al segundo siguiente, tenía a Phelan encima de él desabrochándole el cinturón desesperado.

 ―Oye, oye, ¿qué haces?

―Compruebo que no te quedan secuelas. Ese tipo de golpes pueden causar daños permanentes.

Conall soltó una risa.

―Soy un hombre lobo, Phelan. Esos supuestos no se nos aplican, ¿recuerdas? Somos inmune a las enfermedades humanas y tenemos la curación acelerada ―explicó con una media sonrisa.

Phelan asintió y le miró con preocupación, luego se acurrucó en su costado, poniendo la palma de la mano sobre el pecho desnudo de Conall.

―Lo siento ―se disculpó de nuevo―. Es que son muchas cosas a la vez. No sé cómo…

Conall se acostó de lado y le acarició la mejilla con el pulgar, regalándole otra sonrisa.

―Phel, eres maravilloso, pero esa cabeza tuya piensa demasiado ―dijo con suavidad―. Todo esto es nuevo para ti; las parejas, la atracción… Lo comprendo. Puede ser… difícil de controlar, pero no imposible. ¿Sabes? Todavía recuerdo cuando Lope y yo nos dimos cuenta de que éramos compañeros; no salimos de mi habitación en tres días. Mi madre tenía que dejarnos la comida en bandejas frente a la puerta ―Conall sonrió―. Ella y Lynn tenían que dormir con tapones y por el día ponían la música a tope para no escucharnos.

Phelan sonrió con ternura y luego puso una cara de extrañeza.

―¿Y cómo es que no conseguisteis acoplaros?

―No lo sé, es algo extraño, porque la marca a penas duraba un día ―admitió Conall―. Pero esta mañana por fin lo conseguimos.

Phelan suspiró mirando al techo.

―Yo llegué esta mañana, igual que Deeann. ―Frunció el entrecejo, pensativo. Todo había pasado muy rápido; su llegada al pueblo, la chica, el coche estallando, Silvester… ¿Casualidad? Imposible. Entonces tuvo una súbita revelación, se le abrieron los ojos como platos y se incorporó de golpe―. Eso es. ¡Por eso no podíais acoplaros!

―Faltabais vosotros dos ―asintió Conall imitando el movimiento de su compañero. Soltó una risa―. Ya verás cuando se lo diga a Lope ―sonrió y se volvió hacia Phelan―. Me alegro de que aceptaras venir.

Y sin dejar que el chico respondiera le agarró por la nuca y le besó. Phelan abrió la boca y sus juguetonas lenguas se volvieron a encontrar. Las erecciones que habían descendido, volvieron a la vida entre medio de caricias y manos traviesas. Conall empujó hacia la cama a Phelan que no opuso resistencia y lo aprisionó bajo su peso. Phelan jadeó, llevando sus manos al borde de los pantalones del otro e introdujo sus dedos atrapando así el culo de Conall.

―Phelan…  si continuamos así… yo… no voy a poder parar… ―alcanzó  a decir entre besos.

―Estaré orgulloso de lucir tu marca, Conall ―dijo solemne Phelan dejando libre su cuello en completa aceptación.

Conall miró a los ojos marrones de Phelan y vio admiración y respeto, y algo más que no sabía aún cómo interpretar. Pero sobre todo notó deseo; un deseo tan profundo que sólo podía darse entre las parejas destinadas. El mismo deseo que se reflejaba en sus iris azules. Sonrieron y con rápidos movimientos lograron quitar la ropa que había empezado a molestar. Conall contempló el cuerpo esbelto de Phelan, que no era ni delgaducho ni muy corpulento, sino que era todo fibra y de músculos finos y duros. El lobo estuvo a punto de babear.

―¿Gimnasio?

―Carreras al amanecer ―respondió Phelan y alzó su cabeza en busca de otro beso.

Conall no preguntó más, se dedicó a recorrer con sus manos cada parte del cuerpo abajo de él que pudo alcanzar sin despegarse de los labios de su pareja. Una llegó al miembro endurecido y se lo apretó, sacándole un jadeo a su compañero de cama. Éste pasó los dedos por su espalda logrando que el otro chico gimiera.

―Lo sient-… ―Pero Phelan no pudo decir nada más, porque Conall le metió su lengua hasta la garganta.

Phelan estaba abrumado por las sensaciones, por las reacciones que le provocaba Conall. No podía decir que no había tenido relaciones antes, pero podía asegurar que nunca habían sido tan intensas como estaba siendo esa. Ahora entendía, ahora podía comprender el deseo, el hambre que consumía a su mejor amigo y a su hermano, ¿cómo iban a resistirse? ¿Cómo iba alguien a querer resistirse?

Conall dejó la boca de Phelan y empezó a bajar por el cuello, dejando un rastro de besos a lo largo del torso del chico más bajo.

―Vaya, vaya, alguien está muy bien dotado ―dijo Conall con una sonrisa haciendo sonrojar a Phelan, quien jadeó cuando Conall empezó a lamer la cabeza de su erección.

Phelan no podía pensar, sólo podía ver como los cabellos castaños de Conall bajaban y subían al mismo tiempo que su boca le chupaba y le estimulaba. Agarró las sábanas a sus costados y gimió.

―Voy… voy a…

―Aún no ―dijo Conall apretando con fuerza la base del pene de Phelan y cortando el orgasmo.

―¿Qué? ¿Por qué?

—Porque aún no estoy dentro de ti —explicó serio Conall.

—¡Oh!

Phelan no pudo evitar sonrojarse. En la mirada azul de su pareja había tal determinación que sintió que había visto lo que había en su alma y en su corazón. Su respiración se aceleró mientras veía como Conall subía por su cuerpo sin dejar de mirarlo a los ojos y se colocaba entre sus piernas.

—Sube las rodillas —ordenó Conall buscando en el cajón de su mesilla de noche y sacando una botellita de lubricante.

Phelan obedeció impaciente. Pero no tuvo que esperar mucho, ya que pronto unos dedos llegaron a su trasero y empezaron a tantear su entrada. Cuando el primero de ellos se introdujo en su interior, Phelan siseó.

—Ha pasado un tiempo desde que… —dijo al ver la cara de extrañeza de su pareja.

Conall entrecerró los ojos y en un impulsivo gesto metió de golpe tres de sus dedos tan al fondo como pudo. Phelan gritó clavando sus uñas en los antebrazos de su compañero y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Espero que sepas que yo no comparto. Tu culo, tu polla y tu boca son míos, ¿entendido? —gruñó Conall.

—Idiota, ya lo sabía —respondió Phelan con una mirada acusadora.

—Bien.

El beso que vino después fue áspero, duro y profundo. Hubieron dientes, mucha lengua y alguna gota de sangre. Los dedos de Conall empezaron a hacer un movimiento de tijeras logrando que el chico más pequeño se retorciera bajo él. Phelan jadeó casi sin aliento cuando un Conall sonriente se apartó. Profundizó su exploración observando el semblante ruborizado de su pareja de cama y encontró la próstata, la cual apretó y tocó hasta que Phelan eyaculó en medio de un grito de placer.

Conall sacó sus dedos y se colocó en posición para penetrarle, mientras un desfallecido Phelan intentaba hacer llegar aire a sus pulmones. Entró de una estocada y buscó los labios de su compañero, cogiendo a la vez su miembro que volvió a la vida con brusquedad. Phelan no se resistió; no habría podido aunque hubiera querido. Lo deseaba. Rodeó con los brazos el cuello y con las piernas la cintura de Conall. Éste lo tomó como señal de que podía comenzar y así lo hizo.

Al principio fue suave como una caricia, como si quisiera probar el terreno sobre el que pisaba; luego más rápido hasta que tuvieron que despegar sus bocas. Se miraron a los ojos y Phelan apartó su cabeza dejando su garganta libre. Entonces Conall dejó salir sus colmillos y le mordió tragando el líquido carmesí que parecía ambrosía. Una cálida, determinada y un poco irascible ambrosía.

El nudo se extendió del pene a la próstata y se corrieron una, dos veces. Se besaron una vez más, como el sello de un pacto inquebrantable y Conall salió del interior de Phelan. Se abrazaron y se cubrieron con la sábana. Y ya totalmente saciados se durmieron el uno en brazos del otro.


Dee notaba una claridad molesta en los ojos. Rumió algo entre dientes y se dio la vuelta. Sonrió y se estiró con gusto. El colchón se sentía mullido y esponjoso bajo sus músculos cansados; y las sábanas estaban frescas bajo la piel desnuda de sus piernas. Dee abrió los párpados con una pregunta bailando en su mente: ¿porqué no tenía sus pantalones? Y lo que era más importante: ¿quién se los había quitado?

Se incorporó, ya completamente despierta, mirando con curiosidad a su alrededor. Estaba en una habitación rústica, de paredes de listón y con una decoración austera. Apenas había un par de mesitas de noche, unas cortinas blancas de raso, un armario alto de doble puerta y la cama de matrimonio donde ella había dormido. Todo hecho de madera. Se acercó al borde del colchón y se puso en pie. Fue hacia la ventana y la abrió, respirando la suave brisa matutina y llenando la habitación de los sonidos del bosque. 

Alguien llamó a la puerta.

Adelante.

La cabeza de Lynn apareció sonriendo.

¡Hola! exclamó con entusiasmo a la vez que entraba en el cuarto. Esperaba que ya estuvieras despierta. Te dejo algo de mi ropa ya que tus maletas se perdieron con la explosión.

Dee lanzó un grito ahogado. De pronto y como si de un rayo se tratara, los acontecimientos del día anterior pasaron frente a ella. Se llevó las manos a las mejillas y abrió los ojos como platos.

¡Oh, no! ¡Mis carretes! se quejó con voz lastimera. ¡Mi portátil! sollozó.

Lynn la miró perpleja durante unos instantes y después se echó a reír. Dee se cruzó de brazos arrugando el ceño.

No tiene gracia. ¡Ninguna!

¡Es que ayer viste a un lobo enorme y en vez de estar asustada, te preocupas por tu ordenador! replicó sorprendida la chica. No esperaba oírte hablar acerca de él como si hubieses perdido tu vida.

¡Es que la he perdido! ¡En mi portátil lo tenía todo! Apuntes, libros, todas mis fotografías… Dee refunfuñaba caminando de un lado a otro cuando de repente se paró de pronto y se llevó las manos a la cabeza. ¡Mi photoshop!

¿Tú qué…?

¡Mi photoshop! ¡Es un editor de imágenes! Entonces Lynn empezó a reírse aún más fuerte y Dee la fulminó con la mirada. ¿Tienes idea de lo caro que es? ¡Y tenía la última edición! protestó sentándose en la cama y tapándose la cara con las manos.

Lynn dejó de reírse, se encogió de hombros y acercándose a ella le puso una mano sobre el hombro.

Oye, no te preocupes, seguro que se soluciona.

Dee soltó un largo suspiro.

Eso espero. O voy a tener que gastarme el dinero de la boda en otro photoshop ―dijo a la vez que se dejaba caer sobre el colchón.

Lynn negó con la cabeza y estaba de camino a la puerta, cuando Dee se incorporó de golpe pegando un agudo chillido.

―¡Era un lobo! ¡Un lobo inmenso! ―Y entonces se volvió a desmayar.

Lynn sonrió.

―Esa era la reacción que esperaba. ―Y salió cerrando tras ella.


Lope surgió del baño vistiendo sólo una toalla atada a la cintura, para entrar en una habitación enteramente de color rosa. Bueno, de distintos tonos de rosa en realidad. Suspiró con resignación. A pesar de que sabía que había hecho lo correcto, aún detestaba haber tenido que dejar la habitación que compartía con Conall para que los dos arreglaran las cosas. Lope esperaba que por lo menos Phelan le hubiera dado una buena reprimenda a Conall por haber sido tan imprudente la noche anterior.

Lope se rascó la cabeza dirigiéndose al armario cuando se dio cuenta de que toda su ropa estaba en su habitación. Bufó y se encaminó a su cuarto.


—Siento lo de anoche, a veces soy demasiado posesivo. Creo que es el macho alfa dentro de mí.

No hacía mucho que se habían despertado, pero Conall había sentido la necesidad de explicarse. La luz matutina inundaba la habitación y en la casa ya se notaba el movimiento. Phelan negó con la cabeza enterrada en el pecho de su pareja.

—En realidad… me gustó. Un poco. —Su voz amortiguada por su cercanía.

La risa perruna de Conall vibró por su cuerpo y sus brazos rodearon a Phelan apretándole contra sí.

—A Lope le encanta esa parte de mí —dijo con una sonrisa—, y tú adorarás su lengua. Es un dios.

—¿Tú crees?

—Lo creo —respondió y entonces le besó de nuevo en el mismo instante que Lope entraba en la habitación.

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