jueves, noviembre 06, 2014

Déjate capturar: Capítulo 12


 ¡Hola!

Aquí estoy de nuevo con el capítulo 12. Sé que me he tardado bastante, pero me temo que la cosa va a seguir así por ahora. Sobretodo porque estoy muy liada con la universidad y además ciertos problemas personales necesitan mi atención. Y hay que asumirlo, esto no es más que un hobby.

Además, quiero añadir que hace unas tres semanas tuve un fuerte ataque de tendinitis en el brazo derecho que me dejó imposibilitada de escribir o utilizar el ratón durante al menos una semana. Y sí, las razones de esto fue el uso excesivo del ordenador. Así que en favor de mi salud y mis estudios, he decidido que a partir de ahora voy a publicar una vez por mes. 

Una vez dicho todo esto, os dejo el siguiente capi. Espero que os guste mucho y que sigáis conmigo.

Muchos besos y hasta la próxima.


Capítulo 12

Empacar nunca le había costado tanto. Por lo general, era rápido, acostumbrado al trajín de la universidad. Pero en esa ocasión, preparar el equipaje de alguien que no era él estaba resultando más complicado de lo que podía parecer. 

Phelan suspiró sentándose en la cama al lado de la maleta a medio cerrar y desvió la mirada través de la puerta abierta, por dónde se observaba claramente la mesa de la cocina. Allí estaban dos de sus parejas y la hermana de ambos, intentando convencer a Thamar. Llevaban casi toda la noche, y ni una sola vez la mujer había cedido un ápice. En sus caras se veía la frustración y el cansancio que todos sentían. Phelan cerró los párpados, estirando su cuello en un intento de calmar el dolor en su columna vertebral y éste crujió. Soltó una maldición.
 
―Eso no ha sonado muy bien ―susurró una voz femenina tras él.

Phelan se dio la vuelta para encontrarse a Deeann allí, sonriéndole con una disculpa en los ojos. El chico sonrió y Dee se acercó hasta él, sentándose a su costado y cogiéndole de la mano. 

―Es curioso ―murmuró Dee jugando con los dedos de Phelan.

―¿El qué?

―Desde el mismo momento en que te vi, me sentí segura contigo ―explicó Deeann mirándole―. Cuando me dijiste que me llevarías al pueblo, supe que era verdad. No he dudado de ti ni por un segundo. Nunca me había pasado eso. Con nadie. 

―Bueno, es lógico. Soy tu pareja.

―Sí, pero yo no soy… No pertenezco a la manada. ―Dee resopló―. Diablos. Aún me parece tan extraño todo lo que ocurrió ayer. Ni siquiera entiendo porqué actué como lo hice.

Phelan sonrió acariciando la cara de la joven con la mano que le quedaba libre. Unos suaves colores subieron por sus mejillas y ella miró al suelo. Phelan le levantó el rostro, sus miradas se mezclaron, contemplándose absortos el uno con el otro. Entonces Phel decidió que no iba a pensarlo mucho y unió sus labios. Cerraron los ojos. Deeann llevó sus manos al cuello de la camisa, agarrándole fuerte y tirándole hacia ella. Phelan la sujetó por la cintura y la besó con más decisión, antes de terminar. Dee suspiró de gusto cuando él se retiró. Sólo unos segundos y ya sabía que quería permanecer a su lado por el resto de sus vidas.

Phelan soltó una risita, viendo el rostro de paz de la chica. 

―¿Lo ves? ―preguntó Dee abriendo los párpados y fijando sus iris en los de él―. Si hubieras sido otro, te aseguro de que ahora tendrías marcada mi mano en tu mejilla.

Phel se echó a reír. La vida se esperanzaba entretenida de ahora en adelante.


Lope arrancó el motor del coche que les había prestado Reed, el cual, un jeep de color rojo recién sacado de fábrica, ronroneó como un gatito hambriento. Seguro que le había costado una fortuna, conducirlo era la perfección elevada a la enésima potencia. El hispano tendría que agradecerle a su amigo más tarde por el préstamo.

Un suspiro en el asiento del copiloto captó su atención. Conall seguía mirando el espejo retrovisor con ojos tristes y melancólicos. Lope alcanzó el muslo de su pareja con su mano derecha y lo acarició. 

―Ellas estarán bien. Saben cuidarse solas. 

Conall sonrió apesadumbrado.

―Lo sé. Es sólo que nunca nos hemos alejado de ellas durante tanto tiempo. Ni siquiera sabemos cuándo volveremos a verlas.

―Lo importante es solucionar todo este asunto cuánto antes ―dijo Lope con decisión―. Entonces nada ni nadie nos impedirá volver.

Conall asintió.

Esta vez fue el momento que Lope escogió para suspirar. Con un último apretón en la rodilla, puso ambas manos en el volante y aceleró. 


Deeann se despertó sobresaltada, con la sensación de estar cayendo al vacío esfumándose rápidamente. Rodó sobre la cama para acomodarse mejor. Cuando estaba cerrando los ojos para volver a dormirse, se dio cuenta de un pequeño detalle. No recordaba haberse acostado. Ni siquiera recordaba haberse quedado dormida en el asiento trasero del todoterreno. Elevó la cabeza y miró a su alrededor. 

Estaba en una habitación de paredes algo desconchadas en las esquinas, pintadas con lo que antaño se podría considerar un salmón algo chillón. Los pocos muebles se notaban viejos, pero estaban limpios, lo cual era algo de agradecer. La pequeña televisión reposaba encendida con poco volumen sobre una mesa de metal que había tenido mejores días. La mesa, un par de sillas y las dos camas de matrimonio tenían la madera descolorida, aunque parecían estar bien cuidadas. 

La mesilla de noche que había entre las camas tenía una pequeña lámpara y unos papeles sobre ella. En uno de ellos se podía leer: “Bienvenido al motel BuenasNoches, esperamos que disfrute su estancia y que regrese pronto”; el otro era claramente la factura del cuarto: 25 dólares la noche. No estaba mal. Suspiró y arrugó la nariz. El ambiente olía a lejía y a detergente. Al menos se tomaban a conciencia lo de desinfectar el lugar para cada nuevo cliente.

Se levantó de la cama, descubriendo en uno de los rincones las maletas y mochilas que habían empacado en Elwood. Cogió las bolsas donde llevaba su cámara, los objetivos y las tarjetas de memoria. Aún daba gracias por haber decidido cogerlas en el último momento. No sabía que habría hecho de haberlo perdido todo, después de todo, aquella cámara era la única fuente de ingresos que tenía a parte de lo poco que le podían enviar sus padres. Lo peor, sin duda, había sido la pérdida del ordenador que además estaba recién estrenado. Por fortuna, tenía seguro y entre los escombros de la explosión Phelan había logrado encontrar el disco duro. Con un poco de suerte, le había dicho, lograría rescatar toda la información.

Llevó sus cosas a la mesa y con delicadeza, como si estuviera trabajando con piezas de museo, fue colocando todos los aparejos sobre ella. Sacó de uno de los bolsillos unos enseres de limpieza y sentándose en una de las sillas, comenzó a desmotar la cámara y los objetivos ocupando toda la superficie casi en su totalidad. Sonrió. Se sentía bien hacer algo conocido por primera vez en días. De esta forma, se dispuso a cuidar y asear cada uno de los utensilios fotográficos. Una tarea que le era de lo más relajante.

Cuando regresaron los tres chicos unos cuarenta y cinco minutos después, se la encontraron tarareando y jugando con sus chismes. Al darse cuenta de su presencia, Dee sólo les sonrió y continuó a lo suyo. Nadie iba a perturbar su momento de paz. 


Lope estaba terminando de darse una ducha cuando escuchó una maldición proveniente del otro lado de la cortina de plástico. Abrió un pequeño resquicio y miró a su pareja a través del espejo.

—¿Cuál es el problema ahora, Conall? No me digas que sigues nervioso. 

Conall cerró los ojos soltando un bufido y se dio la vuelta cruzándose de brazos.

—No soy bueno con las chicas. Nunca he tenido que vérmelas con una cita. 

Lope se rió por lo bajo, ganándose un gruñido molesto. Negando con la cabeza, terminó de enjuagarse y salió de la bañera, enredándose una toalla alrededor de la cintura. Conall seguía mirándose al espejo, arreglándose mechones de pelo supuestamente fuera de lugar y arrugándose la camisa de tanto estirarla. Lope decidió interrumpirlo en ese momento.

—Conall, estás perfecto. En serio, deja de intentar mejorar lo inmejorable.

—¡Ya lo sé! Pero, ¡por los Dioses! Estoy nervioso —exclamó Conall cerrando los ojos. 

—¿Sabes? Para ser el Alfa de nuestra pequeña manada de cuatro miembros, no pareces seguro de ti mismo.

—Créeme, preferiría enfrentarme a una banda de cazadores que salir ahí afuera a cenar con Dee. 

—Pues, la verdad, estoy seguro que lo segundo es mucho menos doloroso —estaba diciendo Lope cuando la puerta de abrió de repente y la rubia cabeza de Phelan apareció.

—¡Chicos! ¿Qué estáis haciendo? ¡Deeann lleva más de media hora esperando!

Conall gimió.

—Si solo tuviera una guía o algo que me dijera qué hacer. Siento que voy a meter la pata y entonces ella me odiará para siempre —se lamentó Conall llevándose las manos a la cabeza y peinando su cabello hacia atrás.

Lope y Phelan se miraron y el segundo se adelantó, cogió la cara de su pareja y le besó. Un beso de esos con legua y dientes y saliva, todo junto. Y al separarse, Phelan observó el rostro de aturdimiento que se le había quedado y asintió. Le cogió de las muñecas y dijo con voz firme:

—Ahora vas a salir ahí afuera, vas a saludar a Dee con educación, le ofrecerás el brazo, el cual ella muy sonriente aceptará y saldréis camino al restaurante, donde le retirarás la silla, ambos os sentaréis y luego cenareis en medio de una comida medio decente y una buena conversación que estará llena de risas y de buenos momentos. ¿Me has entendido? 

Conall dijo que sí con la cabeza y con más seguridad de la que sentía, se dirigió al dormitorio. Antes de salir del baño, Lope susurró un buena suerte y así, mientras Conall hacía exactamente lo que Phelan había predicho, los dos lobos espiraron a la pareja desde el resquicio de la puerta hasta que ambos se hubieron ido.



domingo, agosto 24, 2014

Déjate capturar: Capítulo 11

¡Hola, personitas encantadoras!

Aquí vengo a la carga con un nuevo capi. El once ya. ¡Quién diría que iba a llegar tan lejos! XD

En fin, no me enrollo más. Desde aquí le doy las gracias a mi nueva Beta Tatiana por su gran trabajo, sin ella no me habría dado cuenta de algunos errores garrafales. ¡Un abrazo T!

Y a vosotros desearos que disfrutéis del nuevo capítulo.

¡Muchos besos!


Capítulo 11

Dee examinó entrecerrando los ojos al nuevo hombre que había aparecido en escena. O tal vez, debería decir bestia. Si el primer hombre era grande, aquel era un monstruo. Superaba en media cabeza al otro y el torso era dos veces el de ella, y no era precisamente delgada. Su semblante frío no ocultaba la expresión de repugnancia en sus ojos. Dee sostuvo el escalofrío que le recorrió la columna vertebral cuando aquel tipo la miró fijamente. Allí ocurría algo que no alcanzaba a comprender, hubiera deseado preguntar qué tenía que ver ella en todo aquello, pero no se atrevió. Se limitó a quedarse donde estaba y darle su apoyo a esos tres chicos con los que tenía una extraña y absurda conexión.

Observó su mano entrelazada con la de Phelan, a quién apenas conocía de un día y medio, y no se sintió incómoda como solía pasarle con la mayoría de la gente. Ella que repelía el contacto directo con casi todo el mundo, le había dado la mano de forma voluntaria cuando había notado que él estaba mal. ¿Y cómo lo había notado? Una opresión en su pecho y ella se había movido al mismo tiempo que Lope, como si un resorte la empujara o un chip en su cabeza se lo hubiera ordenado. Había sido una reacción tan instintiva que ni siquiera se había dado cuenta hasta que Phelan le había sonreído. Pero sin pensarlo mucho, se dio cuenta que no le importaba. Los ojos del dueño de la mano que sostenía con fuerza la suya brillaban con confianza y Dee supo, sin entender muy bien cómo, que estaba en el lugar dónde debía estar.

Deeann regresó su cara al frente para encontrar que el hombre que ella había comparado con un monstruo la contemplaba con un gesto espeluznante en el rostro, no obstante, algo en su interior le dijo que no debía verse asustada, así que frunció el entrecejo y le aguantó la mirada. Entonces éste hizo un amago de sonrisa y señalando al grupo que estaba frente a él, inició su argumentación.

―Hermanos, hermanas, miembros de Elwood. Hemos sido deshonrados de la peor manera. Esta manada se está viniendo abajo. ―Lykos miró fijamente a los rostros de los que allí estaban, pasando por alto a Phelan y sus parejas―. Anoche, un miembro de esta manada presenció cómo estos degenerados, aquí presentes, estuvieron realizando actos lujuriosos en el mismo porche se su casa. Una persona en su sano juicio diría que al menos esconderían sus depravadas acciones para la intimidad del dormitorio, pero no, lo hicieron en un lugar público. Dónde cualquiera podría verlos. 

La gente estalló en protestas, lanzando insultos al aire, enviando miradas aceradas que se clavaron como dagas en sus nucas. Lope se pegó más a ella y Phelan se aferró a la mano de Conall, quizás en busca de apoyo o quizás para sujetarlo en su sitio. Lykos alzó ambas manos y mandó callar.

―Yo me pregunto, amigos míos, si esto sucede ahora, ¿qué no sucederá dentro de unos meses? ¿Y en unos años? Puede que encontremos manadas enteras formadas por engendros como ellos ―dijo señalando a Conall. La multitud explotó en alaridos de furia―. ¿A eso vamos a llegar? ¿A dejar que los jóvenes mancillen a nuestra manada?

―¡No! ―gritó el gentío.

―¿Vamos a permitir que Elwood pierda su estatus de Gran Manada sólo porque ellos han decidido que no quieren encajar? ¿Qué dirían los Ancianos?

―¡No!

Los miembros de la manada estaban revolucionados, aullaban y chillaban buscando pelea. Los puños en el aire y los bufidos le pusieron los vellos de punta a Dee. En ese instante, el Alfa se puso en pie y mandó guardar silencio, y aunque los gritos cesaron, el murmullo no lo hizo.

―Lykos, ¿dónde quieres llegar? Habla o termina con todo esto.

―Bien, Marlowe, esta es mi propuesta: aceptarán a una muchacha como pareja, se enlazarán con ella y tendrán cachorros. Sólo de esta forma podrán quedarse en la manada. De lo contrario, tendrán que irse para no volver.

―Lykos, no recuerdo que en las Leyes de los Cambiaformas…

―¡Las Leyes de la Manada prohíben tales uniones! ¡No importa lo que digan las Leyes de los Cambiaformas! Siempre ha habido amantes del mismo sexo, pero nunca se ha producido un enlace entre ellos. Hasta ahora no había dicho nada ya que el Consejo había aceptado el vínculo entre mi hijo y ese estúpido humano. Pero, ¡se acabó! No consentiré que ningún hijo mío denigre el prestigio del apellido Bradsley. ―Lykos miró entonces a Phelan, apuntándole con el dedo índice―. Ya huiste una vez con la cola entre las piernas, como un vil cobarde. No permitiré que te enlaces con esos dos maricones que piensas que son tus parejas. ¡Como si eso pudiera existir! ¡Un acoplamiento entre tres lobos! ¡Blasfemia! Más te vale que aceptes mi propuesta, Phelan. Elige a una bonita chica de la manada o ¡yo mismo te echaré a patadas de aquí!

―¡Phelan es nuestra pareja! ¡Y nadie lo apartará de nosotros! ¡Ni siquiera tú! ―rugió Conall.

―¿Te atreves a enfrentarte a mí? ¡Ni siquiera me llegas a la barbilla, enano marica!

Conall escupió un alarido y se lanzó hacia Lykos, al mismo tiempo que se convertía en un lobo. Sus dientes alcanzaron el brazo del Beta, que empezó a sangrar profusamente. Un grupo de hombres de la manada se echó encima de él intentando quitarlo de arriba de Lykos, pero Conall era demasiado fuerte y repelió el ataque. Aunque en el transcurso soltó a Lykos que aprovechó para convertirse en animal. Lykos aulló tirándose hacia Conall, este lo esquivó y ambos quedaron frente a frente retándose con la mirada. Los presentes se apartaron hacia las paredes dejando a los dos lobos en el centro de la sala. Y entonces se arrojaron de nuevo a la pelea entre los alaridos de los que estaban alrededor.

Lope y Phelan cogieron a Dee por los brazos alejándola de la lucha, mas ella no podía quitar los ojos de aquella fiera de pelaje castaño. Conall se movía rápido, evadiendo cada ataque y enfureciendo cada vez más a Lykos, cuya respiración se volvía errática por momentos. A Dee el corazón le latía a mil por hora. Su vista iba alternando a las dos bestias en su contienda. Las heridas de Lykos goteaban sangre, el hocico rezumaba espuma y el azul de su mirada se volvió irascible. Precipitándose el uno contra el otro, se enzarzaron en una serie de arañazos y mordiscos y en unos segundos, que a Deeann le parecieron eternos, Conall consiguió aprisionar el cuello de Lykos con sus afilados colmillos y someterlo contra el suelo.

Ante la vista de todos, Conall había sido el vencedor. Un brillo se vislumbró en los ojos de Conall que adquirieron un color amarillento. Dee respiró, llenando sus pulmones del aire que sin saberlo había estado reteniendo. Phelan a su lado, dejó que una mirada de satisfacción se posara sobre los dos animales. Lynn sonrió y aplaudió, y Thamar se quitó las lágrimas que ya bajaban por sus mejillas.

Lope se acercó a su pareja y acariciando su cabeza hizo que se desenganchara de la garganta del Beta. Una de las mujeres le pasó una manta, que él colocó sobre el cuerpo peludo de Conall, quien unos instantes más tarde estaba sobre sus dos piernas.

―Eso ha sido muy caliente ―le susurró Lope en el oído a Conall, que sonrió negando con la cabeza.

Lykos estaba herido en lo más hondo de su ser. En su orgullo. Había sido superado delante de su manada. ¿Cómo iban a respetarle ahora? Observó a los dos esperpentos que se murmuraban al oído con sendas sonrisas en sus pánfilas caras. No podía permitir que aquello acabara así. Él no iba a ser sometido por un chupador de pollas. Gruñó y haciendo acopio de sus últimas fuerzas descargó un zarpazo en medio del pecho desnudo de Conall. Lope salió expulsado cayendo contra el suelo.

―¡Basta! ―exclamó Dee apartando a los que estaban en su camino y precipitándose hacia Conall, le protegió con su cuerpo.

Simultáneamente, Lope se echó sobre Dee y Phelan se transformó en una enorme bestia, la cual colocándose delante de sus tres parejas expulsó tal rugido que hizo retumbar la superficie bajo sus patas. Lykos echó sus orejas hacia atrás y gruñó en respuesta, pero su hijo lo doblaba en tamaño. Tras Phelan, Dee y Lope ayudaron a Conall a ponerse en pie.

―Lykos, escucha lo que te dice Phelan ―dijo Conall y recitó―: “Esto se acabó, padre. Vamos a irnos y no puedes hacer nada por evitarlo. Ellos son míos. Y si tengo que matarte para que nos dejes ir, lo haré. Yo no soy tan benevolente como mi pareja”.

La multitud contempló sorprendida lo que estaba ocurriendo. Nunca, nadie, desde que Lykos era el Beta líder de la manada, éste había sido ganado. Tal vez, había ocasiones en las que incluso el gran lobo se equivocaba. Era evidente que esos chicos se habían acoplado, sólo los compañeros destinados eran capaces de hablarse mentalmente.

―Lykos, creo que esta vez vas a tener que admitir tu derrota.

La voz de Marlowe hizo eco en medio del silencio. El Alfa, que se había acercado a paso lento al grupo central, puso su mano en la cabeza de Phelan y le rascó las orejas.

―Vamos, es tiempo de cambiar. La disputa ha terminado.



Aquí termina el capítulo 11.

Sólo quería comentaros que he realizado una guía de términos y otras cosas para aquellos lectores que se sientan perdidos a la hora de entender el universo de Unión Divina. Aquí abajo está el enlace.

También estará disponible en la página de la trilogía y en el primer capítulo.


lunes, agosto 11, 2014

Noticias...

Hi, pretty things!

Aquí vengo de nuevo con tres cositas estupendas que comunicaros. 

La primera es que se ha abierto un nuevo blog de traducciones, pero que trabajan con el permiso del autor. ¿Se puede pedir algo mejor? Por ahora tienen sólo tres libros, aunque si todo va bien pronto tendrán muchas más. Se llama "Traductores Anónimos", porque no quieren quitarle su protagonismo al autor y ellos sólo traducen porque les gusta. ¿No son estupend@s?

De modo que ir a visitar su blog y empezad a leer, porque las tres historias que tienen son muy bonitas y merece la pena leerlas.


La segunda, es que una pequeña amiga del facebook me ha pedido el favor, que para mi es un placer, de darle un poco de publicidad. Pues nena, aquí lo tienes. (Ruby guiña el ojo).

La autora novel de la que os hablo es Aurora Blue Blue, que está escribiendo una bonita historia sobre dos cambiaformas, un conejo y un lobo. Aquí os dejo la descripción que ella me ha pasado y el enlace para que os podáis descargar gratis sus primeros cinco capítulos.

Mucha suerte, linda y ¡ahora mismo me voy a leerte!

Descarga los primeros cinco capítulos en ePub y lee la historia de Hana y Dóminic en tu celular.
En un lejano pueblo, en un mundo en el que los humanos no existen y los únicos habitantes del planeta eran “Cambia formas” de distintas especies animales. Vivía un pequeño, inocente y adorable conejo que por desobedecer a sus padres y salir a altas horas de la noche de su pequeña y acogedora casa, fue atacado por uno de los enemigos número uno de los conejos, un lobo.
En un lejano pueblo y en un mundo en el que los lobos, “cambia forma” o no, seguían siendo los depredadores más temidos del planeta el pobre conejo no podía más que aceptar su mala suerte preso de las garras de aquel depredador.
Pero el temible lobo, no era tan temible como el conejo había esperado y no tenía intenciones de devorarlo y hacerse con sus huesos como él había temido. Bueno sí, pero no de la forma en la que el conejo se había imaginado.
En un lejano pueblo y en un mundo en el que los lobos, “cambia forma” o no, seguían siendo los depredadores más temidos del planeta el pobre conejo no podía más que aceptar su mala suerte preso de las garras de aquel depredador.Pero el temible lobo, no era tan temible como el conejo había esperado y no tenía intenciones de devorarlo y hacerse con sus huesos como él había temido. Bueno sí, pero no de la forma en la que el conejo se había imaginado.
La tercera, y no por eso menos importante, es que estamos de enhorabuena: 

¡Carolina Devell ha vuelto!

Así que ya estáis tardando en ir a su blog a dejarle vuestros comentarios diciéndole lo mucho que la echabais de menos y que estáis deseando leer todo lo que va a escribir a partir de ahora.




Muchos besos y ¡nos vemos pronto!

miércoles, julio 30, 2014

Déjate capturar: Capítulo 10

¡Hola!

Tal y como dije, ¡nuevo capi!

Iba a dejarlo para dentro de un par de días, pero he decidido acortar el capítulo y publicarlo, y así poder colgar otro capítulo más rápido.

Bueno, os dejo para que leáis.

Muchos besos y espero que os guste aunque sea cortito.



Capítulo 10

Estremeciéndose, Phelan se puso en pie con la ayuda de una muy sonrojada Deeann. Una camisa cayó sobre sus hombros a la vez que era sujetado por unos fuertes brazos.

—Ve despacio, el primer cambio puede marearte un poco —susurró Lope en su oído, mientras Conall cerraba los botones.

—¿Estás bien? —preguntó éste con un tinte de preocupación en la voz.

Phelan asintió. Entonces una sonrisa traviesa apareció en los labios de Conall y alzó las cejas a la vez que decía:

—Ese ha sido, con diferencia, el lobo más grande que he visto en mi vida.


Deeann nunca había sentido tanta agresividad, ira y temor juntos. Pensando en todo lo que había ocurrido desde su llegada al pueblo, tragó saliva.

No habían pasado ni dos minutos desde que Phelan se había convertido en humano, cuando unos hombres enormes les habían rodeado y los habían obligado a caminar hasta la casa central del pueblo. Ni siquiera habían permitido que Phelan se vistiera o que Lope fuera a por otra camisa. Sólo los habían empujado hasta llegar allí.

Mientras los supuestos guardias los custodiaban, miró a su alrededor, se encontraba en un pasillo largo y ancho con múltiples puertas a los lados, y al final de éste, había una gran sala de techos altos y oscuros. Examinando las esquinas del techado pensó que si alguien se escondiera allí, nadie le vería. La madera crujía bajo sus pies a cada paso que daba, como una velada advertencia de lo que estaba por venir. Parecían decir “estás en problemas” en letras grandes y en mayúsculas. Respiró.

El corazón empezó a latirle muy rápido cuando vio que la gente del pueblo empezaba a rodearles. ¿Por qué los habían llevado allí? ¿Por qué tanto revuelo? ¿Por qué esas caras de recelo, esos susurros? Dee se estremeció, todos parecían caminar a su sentencia de muerte. ¿Quién demonios la había mandado a meterse en semejante lío? Cerró los ojos derrotada, cuando una mano grande y cálida se apoyó en su cintura.

—Todo irá bien. —Lope sonrió a su lado y Dee inexplicablemente se sintió mejor.

Le observó, fijándose en su postura y en el perfil de su rostro. Lope a su lado permanecía alerta y listo para atacar en cualquier momento. Dee frunció en el entrecejo, Conall y Phelan estaban igual de tensos, apenas a una zancada de distancia.

Echando la mirada hacia atrás, Deeann vio que incluso Lynn parecía dispuesta a pegar un buen puñetazo al que se le pusiera delante. Thamar era la única que parecía serena y tranquila, y cuando la pilló viéndola le ofreció una suave sonrisa. Deeann se la devolvió y regresó su mirada al frente. Ambas habían llegado a la carrera, como llevadas por un presentimiento. Se habían puesto detrás de ellos cuatro y no habían permitido que nadie más se acercase. Dee seguía preguntándose si aquello no era un sueño. ¿Hombres lobo? ¿Coches explotando?  Seguro que se había quedado dormida viendo “Crepúsculo”.

Cogió una buena cantidad de aire en sus pulmones y la fue dejando escapar lentamente para intentar tranquilizarse. Sea lo que sea que fuera a ocurrir iba a necesitarlo.

Cuando les dieron el alto, estaban a un par de metros de lo que parecía una silla que en otro tiempo había sido lujosa, con el asiento forrado en terciopelo rojo y barnizada en ocre. Ahora el terciopelo sólo se podía notar en los bordes.

Sentado en él había un hombre: la melena suelta y castaña le llegaba a los hombros que parecían dos rocas; el rostro cuadrado, sólo estropeado por una fea cicatriz en la mejilla, enmarcaba unos misteriosos ojos azules; y la piel morena y curtida por el sol completaban su figura intimidante. Deeann estaba segura de que podría desgarrar el cuello de una persona si quería.

El hombre se puso en pie y alzó la mano, logrando que el murmullo que había impregnado el ambiente desde que habían entrado cesara, y cuando abrió la boca para hablar, el silencio era tal que se podría haber escuchado a las hormigas caminar.

—Miembros de la Manada de Elwood, estamos aquí porque el beta Lykos Bardsley ha solicitado una reunión de urgencia y, como Alfa, se la he concedido. Bien, habla Lykos, ¿qué es eso tan importante que no podía esperar?


Phelan giró el rostro bruscamente hacia la sombra que surgió desde una esquina de la sala. La multitud se apartó para dejarle pasar. Y entonces le vio. Casi seis años habían pasado desde la última vez que había visto a su padre. Reprimió un gimoteo angustiado, a pesar de los años y de todas las cosas que había vivido, seguía experimentando esa sensación de inseguridad y de inferioridad frente a él. Se maldijo interiormente. Y se odió por estar vestido sólo con una camiseta prestada en su presencia, viéndose ridículo, una vez más.

Debió de permitir que sus emociones cruzasen por su cara, o tal vez, lo habían notado a través el vínculo de apareamiento, el caso es que unos segundos después, sus tres parejas le estaban envolviendo. Dee le tanteó con la mirada a la vez que le cogía de la mano, él le dio un apretón y una sonrisa. Conall se pegó a su lado izquierdo, mientras Lope se colocaba en el derecho de Deeann. Phelan inspiró y miró a su padre a los ojos por primera vez en más de cinco años.

Por fin se sentía listo.

Esta vez iba a encarar a su padre. Y en esta ocasión, pensaba ganar.


domingo, mayo 18, 2014

Época de cambios

Hemos entrado en una época de cambios.

Una que no sabemos cómo va a terminar, pero que sí sabemos como comenzó: con la denuncia de uno de las mejores blogs de traducción, Brad Pack. A raíz de esto, el resto de páginas asociadas a la traducción y a la distribución han cerrado o están a punto de hacerlo. 

¿Cómo nos afecta esto?

Pues además del hecho de que ellos pueden estar teniendo problemas legales, que ojalá que no, también tenemos que recordar cómo estas páginas nos han ayudado a los que somos novatos a la hora de escribir. 

Gracias a ellos, blogs como el mío han conseguido lectores que de otra forma no habríamos tenido. Hemos tenido la suerte de contar con ellos en muchas ocasiones y ahora ya no están. Esto nos deja una duda, que ha planteado muy bien Ana Prego en el blog Alicia en el pais del homoerotismo además de otras aclaraciones importantes, ¿podremos los blogs de autores sobrevivir sin nuestros amados blogs de traducciones?

No tengo la respuesta.

Puede que sí o puede que no. Puede que todo salga bien y que surja un nuevo lugar para nosotros en internet o puede que nos extingamos. Mientras tanto, de los blogs que conozco, todos van a continuar con su propósito, al igual que lo hará el mío.

Y por si no lo saben, Sergio y Ana, autores del blog Alicia en el..., comenzaron con la creación de una lista de autores de homoerótica de habla hispana, la cual me gustaría incluir en mi blog lo antes posible.

Por ahora podéis ir a visitarla dándole al siguiente enlace: Índice de Autores Latinos.

Un abrazo y hasta pronto.

viernes, mayo 16, 2014

No hay mal que por bien no venga

Hoy quiero dar todo mi apoyo y cariño a todas las personas que hicieron posible que viviésemos un sueño durante tanto tiempo.

Pero el sueño terminó. Nos han despertado y aunque queramos agarrarnos a ese sueño como garrapatas, no podemos. 

Lo que sí podemos hacer es agradecerles por todo su gran trabajo, por su perfección y sus buenas intenciones. Porque digan lo que digan, no lo hacían de mala fé. Era ilegal, eso lo sabemos todos. Era piratería, aunque no nos guste el nombre. Pero todos disfrutábamos y por eso hay que dar gracias.

Sólo espero que al menos les demos el reconocimiento que se les debe, porque se lo merecen. 

Desde este humilde blog, quiero recordar a todos esos maravillosos blogs que nos hacían ilusionarnos todos los meses. No por la razón que ha suscitado toda esta controversia, sino por lo mucho que nos gustaba su trabajo y por lo mucho que se les va a echar de menos.

Con todos mis mejores de deseos,

Ruby.

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