miércoles, julio 30, 2014

Déjate capturar: Capítulo 10

¡Hola!

Tal y como dije, ¡nuevo capi!

Iba a dejarlo para dentro de un par de días, pero he decidido acortar el capítulo y publicarlo, y así poder colgar otro capítulo más rápido.

Bueno, os dejo para que leáis.

Muchos besos y espero que os guste aunque sea cortito.



Capítulo 10

Estremeciéndose, Phelan se puso en pie con la ayuda de una muy sonrojada Deeann. Una camisa cayó sobre sus hombros a la vez que era sujetado por unos fuertes brazos.

—Ve despacio, el primer cambio puede marearte un poco —susurró Lope en su oído, mientras Conall cerraba los botones.

—¿Estás bien? —preguntó éste con un tinte de preocupación en la voz.

Phelan asintió. Entonces una sonrisa traviesa apareció en los labios de Conall y alzó las cejas a la vez que decía:

—Ese ha sido, con diferencia, el lobo más grande que he visto en mi vida.


Deeann nunca había sentido tanta agresividad, ira y temor juntos. Pensando en todo lo que había ocurrido desde su llegada al pueblo, tragó saliva.

No habían pasado ni dos minutos desde que Phelan se había convertido en humano, cuando unos hombres enormes les habían rodeado y los habían obligado a caminar hasta la casa central del pueblo. Ni siquiera habían permitido que Phelan se vistiera o que Lope fuera a por otra camisa. Sólo los habían empujado hasta llegar allí.

Mientras los supuestos guardias los custodiaban, miró a su alrededor, se encontraba en un pasillo largo y ancho con múltiples puertas a los lados, y al final de éste, había una gran sala de techos altos y oscuros. Examinando las esquinas del techado pensó que si alguien se escondiera allí, nadie le vería. La madera crujía bajo sus pies a cada paso que daba, como una velada advertencia de lo que estaba por venir. Parecían decir “estás en problemas” en letras grandes y en mayúsculas. Respiró.

El corazón empezó a latirle muy rápido cuando vio que la gente del pueblo empezaba a rodearles. ¿Por qué los habían llevado allí? ¿Por qué tanto revuelo? ¿Por qué esas caras de recelo, esos susurros? Dee se estremeció, todos parecían caminar a su sentencia de muerte. ¿Quién demonios la había mandado a meterse en semejante lío? Cerró los ojos derrotada, cuando una mano grande y cálida se apoyó en su cintura.

—Todo irá bien. —Lope sonrió a su lado y Dee inexplicablemente se sintió mejor.

Le observó, fijándose en su postura y en el perfil de su rostro. Lope a su lado permanecía alerta y listo para atacar en cualquier momento. Dee frunció en el entrecejo, Conall y Phelan estaban igual de tensos, apenas a una zancada de distancia.

Echando la mirada hacia atrás, Deeann vio que incluso Lynn parecía dispuesta a pegar un buen puñetazo al que se le pusiera delante. Thamar era la única que parecía serena y tranquila, y cuando la pilló viéndola le ofreció una suave sonrisa. Deeann se la devolvió y regresó su mirada al frente. Ambas habían llegado a la carrera, como llevadas por un presentimiento. Se habían puesto detrás de ellos cuatro y no habían permitido que nadie más se acercase. Dee seguía preguntándose si aquello no era un sueño. ¿Hombres lobo? ¿Coches explotando?  Seguro que se había quedado dormida viendo “Crepúsculo”.

Cogió una buena cantidad de aire en sus pulmones y la fue dejando escapar lentamente para intentar tranquilizarse. Sea lo que sea que fuera a ocurrir iba a necesitarlo.

Cuando les dieron el alto, estaban a un par de metros de lo que parecía una silla que en otro tiempo había sido lujosa, con el asiento forrado en terciopelo rojo y barnizada en ocre. Ahora el terciopelo sólo se podía notar en los bordes.

Sentado en él había un hombre: la melena suelta y castaña le llegaba a los hombros que parecían dos rocas; el rostro cuadrado, sólo estropeado por una fea cicatriz en la mejilla, enmarcaba unos misteriosos ojos azules; y la piel morena y curtida por el sol completaban su figura intimidante. Deeann estaba segura de que podría desgarrar el cuello de una persona si quería.

El hombre se puso en pie y alzó la mano, logrando que el murmullo que había impregnado el ambiente desde que habían entrado cesara, y cuando abrió la boca para hablar, el silencio era tal que se podría haber escuchado a las hormigas caminar.

—Miembros de la Manada de Elwood, estamos aquí porque el beta Lykos Bardsley ha solicitado una reunión de urgencia y, como Alfa, se la he concedido. Bien, habla Lykos, ¿qué es eso tan importante que no podía esperar?


Phelan giró el rostro bruscamente hacia la sombra que surgió desde una esquina de la sala. La multitud se apartó para dejarle pasar. Y entonces le vio. Casi seis años habían pasado desde la última vez que había visto a su padre. Reprimió un gimoteo angustiado, a pesar de los años y de todas las cosas que había vivido, seguía experimentando esa sensación de inseguridad y de inferioridad frente a él. Se maldijo interiormente. Y se odió por estar vestido sólo con una camiseta prestada en su presencia, viéndose ridículo, una vez más.

Debió de permitir que sus emociones cruzasen por su cara, o tal vez, lo habían notado a través el vínculo de apareamiento, el caso es que unos segundos después, sus tres parejas le estaban envolviendo. Dee le tanteó con la mirada a la vez que le cogía de la mano, él le dio un apretón y una sonrisa. Conall se pegó a su lado izquierdo, mientras Lope se colocaba en el derecho de Deeann. Phelan inspiró y miró a su padre a los ojos por primera vez en más de cinco años.

Por fin se sentía listo.

Esta vez iba a encarar a su padre. Y en esta ocasión, pensaba ganar.


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