sábado, febrero 21, 2015

Déjate capturar: Capítulo 13


Hola!

Aquí vengo con el capítulo 13. Siento no haber podido publicar antes, pero me temo que los estudios y mi familia son lo primero. Si me seguís en facebook sabréis de lo que hablo.

Bueno, no os entretengo más.

Que lo disfrutéis.


Capítulo 13

Phelan caminó hacia la ventana y vio cómo Conall dirigía a una Dee bastante sonrojada al interior del bar-restaurante. Sonrió alegre y suspiro de alivio, reflexionando con curiosidad en cómo se sentirían cuando el vínculo estuviese completo y los cuatro estuvieran sintonizados en la misma frecuencia.
Pero entonces, unos brazos le rodearon y le dieron la vuelta antes de que pudiera protestar, cortando sus pensamientos. Phelan se encontró entonces frente a unos ojos negros que le miraban oscurecidos por el deseo. Lope apretó al chico contra su pecho y juntó sus bocas, que empezaron a devorarse la una a la otra. Phel sintió la dureza que se presionaba contra su vientre y gimió.

―Lope… ¡Es-pera! ¿Y si apa-recen?―dijo entre jadeos Phelan.

―No vendrán. Estamos solos. Tenemos una hora al menos hasta que regresen de su cita, ¿recuerdas? ―explicó Lope besando el cuello de su pareja.

Phelan se agarró a los hombros de Lope cuando éste comenzó a desabrocharle los pantalones. El hispano metió la mano dentro de los calzoncillos y aferró con fuerza el miembro erecto de Phelan, quien jadeó.

―Te deseo tanto, Phel ―suspiró Lope en su oreja, chupando el lóbulo y dándole un pequeño mordisco―. Estabas tan caliente ayer, cuando te enfrentaste a tu padre.

―¿En serio? ¿Crees que soy caliente? ―preguntó ilusionado Phelan rodeando con sus brazos a su compañero y dejándose besar.

―Te habría follado allí delante de todos y me habría importado una mierda lo que pensaran.

Phelan se rió, negando con la cabeza.

―Mala idea. Nadie tiene derecho a verte joderme excepto nuestras parejas.

―Lo dejaremos para la próxima vez ―sonrió Lope.

En ese momento le arrancó los calzoncillos y terminó de quitarle la camiseta a Phelan, dejándole gloriosamente desnudo frente a él. La toalla que llevaba en la cadera cayó junto al resto de la ropa que había por el suelo, haciendo que sus cuerpos se tocaran por primera vez. Jadearon juntos por el contacto, chocando sus dientes con el ansia de explorarse el uno al otro. Phelan le arañó la espalda mientras Lope dejaba marcas de sus caninos sobre su hombro. Se restregaron, moliéndose entre ellos como si no hubiera un mañana.

Lope agarró el culo de Phelan, levantándolo en peso y éste le rodeó con las piernas. Los llevó a ambos a la cama más cercana, lanzando al chico más pequeño y luego cubriéndolo con su cuerpo. Sus bocas se buscaron, a la vez que sus manos no dejaban de acariciarse.

—¡Te quiero dentro, Lope! ¡Quiero que me folles! —exclamó Phelan.

—Tus deseos son órdenes —sonrió Lope a la vez que iniciaba un descenso lleno de besos y mordiscos hacia la entrada de su compañero.

Abrió sus piernas, dejando a la vista el botón rosado. Colocó un beso sobre él y se giró hacia la mesilla de noche, en el primer cajón encontró lo que buscaba: un bote de lubricante sin empezar. Cómo se notaba que el motel estaba regentado por cambiaformas. Rompió el envoltorio con los dientes, escupiendo el trozo de plástico al suelo.

—¡Vamos, Lope! ¡Date prisa! —rogó Phelan agarrándose los gemelos, dejando una vista tan erótica que el pene de Lope dio un sacudida.

Echando una buena cantidad en los dedos, introdujo primero un dedo y luego dos, dándose cuenta de que aún seguía relajado de su vez con Conall. Decidió no hacer esperar a su pareja, cuyo miembro ya goteaba líquido preseminal y con firmeza puso la punta en la abertura y despacio, pero seguro entró en la acogedora cavidad. Ambos jadearon. Lope observó como Phelan echaba la cabeza hacia atrás y se mordía el labio inferior.   

—Mírame, mi compañero —susurró Lope besando el cuello de Phel.

Phelan abrió los ojos, el castaño de sus iris brillando con lágrimas contenidas.

—Eres mío, Phel. Nos perteneces. ¿Es esto lo que querías? —preguntó el hispano murmurándole al oído, mientras empezaba un suave vaivén hacia delante y hacia atrás—. ¿Es esto lo que deseabas, ser nuestro? ¿Qué fuéramos tuyos?

—Desde el minuto en que os vi soñaba con este instante —respondió Phelan casi sin aliento—. Supe que os quería, pero no entendía por qué. Ahora todo es perfecto. Todo se ha vuelto claro para mí.
Lope sonrió cambiando el ángulo de sus estocadas y logrando que Phelan lanzara un chillido. Sí. Allí era donde pertenecían. Los cuatro juntos. Lope sintió como sus caninos se expandían, movió con gentileza la barbilla de su pareja y le mordió.


Dee observó el restaurante del motel, mientras esperaba a que Conall volviera con el menú. No era nada del otro mundo, pero era cálido y todos los que estaban allí les habían sonreído y saludado al entrar. Estaba debajo de las habitaciones y en frente del estacionamiento. Los coches eran claramente visibles a través de la cristalera que rodeaba la mitad del establecimiento. Y un poco más allá, estaba la carretera y al otro lado el bosque. No sabía si se habían alejado demasiado de Elwood, pero lo que estaba claro era que el bosque era el mismo. Suspirando Dee empezó a jugar con un mechón de cabello, dejando que sus ojos vagaran por las piernas y la espalda de Conall.

—No está nada mal, niña —dijo una voz tras ella.

Dee se dio la vuelta, encontrándose a una anciana de cabellos blancos y mirada afable, sentada en otra de las mesas. Movía con una cucharilla el interior de una taza de té, a la vez que comía unos pasteles.

—¿Disculpe?

 —Tu lobo —sonrió la mujer—. El que está allí intentando pedir vuestra cena. Parece un buen mozo. Y con una bonita retaguardia, además.

Dee sonrojándose, miró a su alrededor asustada por si alguien les había escuchando. La señora se echó a reír haciendo un gesto despreocupado con la mano.

—No te preocupes, niña. No le interesamos a nadie aquí.

Deeann asintió comprobando que ninguno de los comensales se había percatado del intercambio y que todos continuaban metidos en sus asuntos.

—Te lo he dicho, niña.

—¿Por qué me llama “niña”?

La señora dejó que se vieran sus dientes blancos en la sonrisa que le dio. Sus gafas redondas, por encima de las cuales la miraba, no podían ocultar unos sabios y penetrantes ojos.

—Porque lo eres, niña. ¿O prefieres “querida”? —contestó ofreciéndole el plato de pastas.

—Deeann, mi nombre es Deeann —dijo, alargando la mano para coger uno recubierto de lo que parecía nata y virutas de cáscara de limón.

—Será “querida”, entonces.

—Lo que usted diga.

La anciana tomó un sorbo de su té, tras lo cual se agachó y sacó de debajo de la mesa una gran bolsa de viaje.

—No suelo inmiscuirme en este tipo de situaciones, pero este caso lo amerita. Esto es para ti, querida.

Dee, desconcertada, parpadeó. Negó con la cabeza, frunciendo el entrecejo.

—Oh, yo… se lo agradezco, pero… tengo mi propio equipaje arriba.

—Cógelo, lo necesitarás —ordenó la anciana y Deeann, que no era muy buena tratando a personas mayores, decidió tomar la bolsa. Era preferible no discutir—. Bien, muy bien —sonrió la mujer apurando el último de los pastelitos. Se limpió las manos con una servilleta y cogió el bolso de mano que tenía sobre la mesa—. Es hora de irme, querida. Yo que tu llamaría a tus lobos y me marcharía de aquí cuanto antes. Están a punto de llegar.

La anciana se levantó de su asiento con la agilidad de una niña de primaria y con pasos rápidos alcanzó a la cajera. Dee saltó de su silla tras la sorpresa inicial, corriendo tras la mujer, persiguiéndola hasta la salida.

—¡Espere! ¿Quién está a punto de llegar? ¿Y cómo sabe usted de mis lobos? —exclamó abriendo de golpe la puerta del restaurante.

Sólo que allí ya no había nadie.

—No puedo creerlo.

Dee suspiró, aún perpleja por lo que le acababa de ocurrir. Probablemente estaba loca, esa mujer. Miró a sus costados en un intento de buscarla, pero estaba claro que había desaparecido. La anciana se había esfumado. Evaporado, volatilizado. No estaba. Y allí fuera hacía un frío de mil demonios. Se abrazó a sí misma cuando una ráfaga de aire helado la golpeó. Pasándose las manos arriba y abajo de sus brazos intentaba calentarse, cuando de pronto, escuchó un gruñido procedente del bosque.

Cerró los ojos y pretendió convencerse de que se lo había inventado, que había sido fruto de una imaginación febril que empezaba a desarrollar. Con temor, abrió los párpados y observó el lugar del que había venido el sonido. Dos luces rojas como la sangre le devolvieron la mirada.

Su corazón empezó a bombear fuertemente y un pitido le martilleó en los oídos. Corrió hacia el local, buscando desesperada a Conall, quien la saludó desde la mesa con un menú en las manos.

—He conseguido que dejen un poco más de tiempo la cocina abierta, pero tenemos que elegir rápido —dijo el chico al verla acercarse.

—No hay tiempo.

—¿Cómo que no hay…? —empezó a preguntar Conall, cuando Dee le hizo mirar hacia el aparcamiento. El color desapareció de su rostro al ver la escena—. No puede ser.

Un grupo de al menos diez lobos de formidable envergadura se aproximaban al restaurante con lentitud, acechándolo. El sitio se quedó unos instantes en silencio, hasta que el caos se hizo lugar. Mientras los comensales se levantaban de sus asientos y a trompicones, y empujándose unos a otros abandonaban el negocio, Conall cogió la muñeca de Deeann arrastrándola a la puerta que daba a las habitaciones.

Conall se abría paso entre la gente, cuando Dee recordó la bolsa de viaje que le había dado la mujer. Seguro que ella lo había sabido. Y Dee estaba convencida de que la iban a necesitar.

—¡Espera! —exclamó soltándose de la mano del lobo y corriendo hacia la mesa. Cogió bolsa y escapó unos instantes antes de que la cristalera se rompiera bajo el asalto de las enormes fieras.

Conall la protegió con su cuerpo al mismo tiempo que huían por la cocina. De alguna forma, el peso del macuto en sus manos hizo que Dee se sintiera menos sola. Parecía que había personas que estaban de su lado. No sabía por qué, pero tenía la impresión de que cuando volviese a ver a la anciana, le tendría que agradecer apropiadamente su ayuda. 



8 comentarios:

  1. Dios me ha encantado estoy deseando que continues con la historia en cuanto puedas, besos

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    1. Hola, me alegro mucho de que te haya gustado. Espero poder publicar el siguiente pronto, ahora que las cosas parecen estar más tranquilas por casa. Gracias por comentar, ;)

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  2. gracias, me ha gustado desde el principio la historia y me siento feliz que la pueda continuar
    abrazos

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    1. Hola, gracias por comentar. Me alegro de que te guste.

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  3. gracias por continuar con tu magnifica historia esperaremos a que puedas continuar

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    1. Gracias por comentar, espero continuarla pronto. ;)

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  4. Hola Ruby! Gracias por otro capitulazo!
    Me estoy ya mordiendo las uñas por saber quien es la ñora...jejeje
    Que bueno que ya estan mas tranquilas las cosas en tu casa. Saludos y ansiando el siguiente capítulo Magu :-D

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    1. Hola Magu! Me alegra mcuho que te guste! Para saber quien es la señora va ha haber que esperar un par de capítulos más o menos, pero en el siguiente (que espero lo colgaré pronto), hay algunas pistas, ;).
      Sí, por fortuna las cosas estás más relajadas por casa, ahora ya tengo mas tiempo para escribir, empezaba a subirme por las paredes. XD Besos!

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