sábado, agosto 29, 2015

Review: Chains por Rowan McBride

Chains

My rating: 4 of 5 stars

Título: Cadenas
Título original: Chains
Autor: Rowan McBride
Editorial: Traductores Anónimos
Género: Homoerótica/Fantástica
Nº de páginas: 25 páginas.
Serie: Ninguna
Sinopsis: Había muchas mazmorras en el castillo y Saiven, el séptimo hijo de un cruel rey, las había visto todas. Pero una era especial. Siempre había estado vacía. Hasta ahora...

General: Nos habla de un reino en el que el Rey es malvado y el amor entre hombres está prohibido. El protagonista es el menor de los hijos del rey, el cual es la diana del odio de su padre y de sus hermanos.

A pesar de ser una historia corta, logra narrarnos con facilidad la dura vida que ha tenido el protagonista, su dolor y sus ganas de sentirse querido, al mismo tiempo que nos muestra un personaje de trasfondo bondadoso.

Nos metemos de lleno en la historia en la primera página, y cuando llegamos al final nos deja con ganas de más, con ganas de saber qué ocurre después.

Me ha gustado bastante y puedo decir que seguiré leyendo cosas de Rowan McBride.

Para recordar: Las miradas que se describen al principio entre los protagonistas.

Para olvidar: No hay ningún aspecto que recalcar.

Te gustará si te gustó...: Otras obras del género o del autor.

En conclusión: Es una historia corta, bien narrada y directa al grano.


viernes, agosto 28, 2015

Review: La búsqueda del perdón por Fabián Vázquez

La búsqueda del perdón La búsqueda del perdón by Fabián Vázquez
My rating: 4 of 5 stars

Título original: La búsqueda del perdón
Autor: Fabián Vázquez
Editorial: Khabox Editorial
Género: Homoerótico/Sobrenatural
Nº de páginas: 273 páginas
Serie: Serie Garras

Sinopsis: Pillado por sorpresa teniendo sexo con su amigo Gahes, Alec es expulsado por su padre, el líder de su manada. Para su sorpresa, su hermano Chayton decide irse con él junto a sus dos mejores amigos, Tomah y Lily, quienes toman la decisión de formar una nueva manada con Alec como su Alfa.

Consiguiendo finalmente comprar un pueblo abandonado llamado Silver City piensan que han logrado su hogar definitivo. Pero su sorpresa es mayúscula cuando, al llegar al pueblo, en sus lindes encuentran a cinco personas esperándoles. Un muchacho atormentado por la crueldad de su padre para con su hermano, unos gemelos tratados como parias, una chica castigada por amar a otras mujeres y una mujer en el cuerpo de un pequeño hombre. A pesar de no conocer a Alec ni a su manada, para esas personas, formar parte de esa familia será un alivio para el dolor y desprecio que han vivido. Pertenecer a una manada donde nadie los juzgará por lo que son ni por lo que desean ser.

La aparición de nuevos cambiantes removerá los corazones de algunos habitantes del pequeño pueblo. Y Alec, como Alfa, tendrá que tomar decisiones que se le volverán en contra una y otra vez.

Pero la armoniosa paz que han conseguido en Silver City no durará demasiado tiempo, ya que varios frentes se abrirán dispuestos a romperla. Un padre furioso y un mal más allá de todo límite acechan en las sombras.

¿Podrán obtener el perdón que necesitan y así lograr la ansiada paz que obtendrán derrotando a sus mayores temores?

General: Este fue el primer libro homoerótico que compré y es lógico que comience mi periplo de reseñas con él.

La primera vez que lo leí, sentí que todo pasaba muy rápido, que el libro apenas dejaba respirar de una escena a otra. Ahora que lo he leído de nuevo con más obras del género a mis espaldas, no me ha dado es impresión. Sí, las cosas van rápido, pero no son precipitadas, todo está enlazado y pensado.

En esta segunda lectura, he podido comprender mejor a los personajes y sus motivaciones, que el autor expone muy bien. Seremos capaces de percibir por qué cada personaje hace lo que hace. 

Además, el autor logra que nos encariñemos con los protagonistas casi desde el principio y nos presenta al antagonista prácticamente en el primer capítulo, lo que es de agradecer. Un misterio menos.

Hace poco me enteré que está basado en juegos de rol, nunca he jugado a uno, pero si son parecidos al libro debe ser emocionante jugar a una partida.

Reconozco que al principio me resultó incómodo seguir las palabras del glosario, pero cuando te acostumbras, la lectura se hace más amena incluso.

Para recordar: Me encanta el personaje de Flor, es una verdadera caja de sorpresas, y el de George te mantiene en vilo hasta el final. Me gusta que no todos los personajes sean perfectos arquetipos de modelos guapos, musculosos y altos.

Para olvidar: Quizás la escena que envuelve a un personaje femenino. No porque no sea necesaria la escena, sino porque tengo una imaginación muy vivida y me sentí mal leyéndola.

Te gustará si te gustó...: Las obras del mismo género y estilo.

En conclusión: Buen libro, intenso y directo.


martes, agosto 25, 2015

Review: Un grito de soledad por Gaby Franz

Un grito de soledad

My rating: 4 of 5 stars

Adoro esta serie de libros. Sencillamente me encantan.

Este fue uno de los promeros libros que leí de literatura homoerótica y estaba tan bien escrito que juro que pensé que era una traducción. No fue hasta un par de libros después que supe que era una autora latina. Me gustó aún más.

Fue, de hecho, esta serie de libros la que me impulsó a escribir mi propia serie y publicarla en un blog. ¿Antes de eso? Imposible. ¿Yo? ¿Escribiendo homoerótica? Ni de coña. Pero esto cambió cuando vi que había más autoras como ella, de habla hispana. Gaby fue mi inspiración.

En cuanto al libro, pues qué decir tengo, que es maravilloso, muy bien escrito y que te engancha de principio a fin. Y cuánto más te adentras en el mundo y la manada que ella crea y amplia con cada libro, más te gusta y más te engancha.

Es un gran comienzo, para una gran serie de libros que todos los amantes del género deberían leer. Y si no le pongo 5 estrellas es porque hay libros posteriores que me gustan aún más.


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domingo, agosto 23, 2015

Déjate capturar: Capítulo 17

Aquí termino el maratón. Espero que os haya gustado hasta ahora, aunque me siento un poco triste por no haber recibido ni un comentario. En fin.

Seguidme en facebook y en twitter para conocer más novedades.

¡Hasta septiembre!

Muchos besos.

Capítulo 17

El campamento había estado tenso todo el día. Nadie sabía con exactitud lo que había pasado, sólo se conocía el hecho de que unas horas antes el Comandante1 había recibido un aviso de su misterioso contacto indicándole que unos objetivos iban a pasar por el motel “BuenasNoches” y que era de suma importancia que se les eliminara. A todos, incluyendo a la humana que viajaba con ellos.
Sólo un pequeño grupo, formado por los mejores cazadores del campamento, había salido a la misión. Al resto se les había ordenado mantener el estado de alerta y los más jóvenes habían sido obligados a realizar labores rutinarias como tareas de limpieza de las zonas comunes o quedarse en sus cabañas estudiando. Ni una sola palabra más acerca del encargo había trascendido. Ni quiénes eran los objetivos ni porqué era necesario eliminarlos. Y, naturalmente, el enlace que con asiduidad proveía de información al Comandante permanecía en completo anonimato.
Devnet Bellamy frunció el ceño, observando su reflejo en uno de los espejos del baño colectivo de la sala de entrenamiento. A ella y a sus dos compañeras de cabaña se les había asignado asear aquella zona, pero ni el desagradable olor a sudor y a suciedad que reinaba en el lugar habían logrado sacarle de la mente lo ocurrido durante la mañana.
Tras el sonido de la corneta que indicaba el comienzo del día a día, Dev se había levantado, vestido y presentado en el comedor: un lugar de grandes dimensiones, con el suelo y paredes limpias de cualquier adorno, grandes ventanales en los laterales, con varias mesas de madera que ocupaban casi todo el espacio, bancos lisos y al fondo, una barra por la que se servían las comidas y desde la que se podía ver la cocina. Un lugar también sin ornamentos, de blanco impoluto y diseñado para garantizar la máxima eficacia y utilidad.
Tal y como se hacía desde siempre, se habían sentado por grupos según el nivel de habilidades. Cuanto mayor nivel, más cerca de la cocina. Y, por lo tanto, cuanto más cerca, antes recibías la comida. Todo estaba organizado para asegurar que la competitividad entre los jóvenes no se perdiera, a mayor habilidad y nivel, mayores privilegios.
Dev había ido a sentarse en su lugar habitual, una de las esquinas de la que era la tercera mesa en recibir la comida. Intentó no hacer ningún ruido al sentarse y permanecer callada y discreta, escuchando a los otros ocupantes de la mesa. Y cuando los llamaron para que fueran al mostrador, ella se puso la última. Cuando se sentó y empezó a comer, respiró tranquila, era el primer día en que los chicos de su mesa no le decían nada. No habían tenido oportunidad. Dev saboreó su primera victoria en absoluto silencio.
Sólo hacía un par de semanas que había subido de nivel, pero a ella le parecían meses. Dado que era la única chica en haber alcanzado el quinto nivel, no la habían cambiado de cabaña, pero sí el grupo con el que entrenaba y comía. Y estos no habían sido unos osos amorosos al recibirla. Los desprecios habían sido pocos y efectivos. Sabotear sus ejercicios y ponerle bichos en las comidas habían sido los más usuales. Así que Dev había tomado medidas, ser la última en hacerlo todo. Si querían hacerle algo iban a tener que hartarse de paciencia, porque si había algún rasgo distintivo en Dev era su resistencia. No le importaba llegar a la cabaña sin ducharse antes, ni comer la última de todo el campamento. Si iban a jugar, ella sería la tortuga.
Y de esta forma, por fin, la habían dejado tranquila. No había habido quejas, o gritos o duelos estúpidos a media noche, sólo persistencia, mucha cabezonería y altas dosis de yoga relajante de madrugada.
Estaba tan sumida en sus pensamientos que no se percató del revuelo inicial, hasta que unos minutos después se encontró siguiendo a su grupo al patio para repartir órdenes antes incluso de haber terminado su desayuno. Los líderes de su equipo susurraban algo, pero no hizo el intento de descubrir el qué. No iba a darles facilidades. Se quedó mirando al frente con los brazos cruzados, pendiente del Comandante Grehan y el Capitán Fowler, los dos hombres que dirigían el campamento. No podían ser más diferentes, pensó Dev.
El Comandante Grehan era más bajo, pero de espaldas anchas y robustas, el cabello era moreno y repeinado hacia atrás, la piel estaba más oscura en algunos sitios y sus manos eran casi de esparto. Sus maneras eran rudas y más parecía un granjero acuciando a los caballos que un cazador entrenando a las tropas.
El Capitán Fowler, sin embargo, era más alto y de maneras firmes, pero flexibles. Su voz era una invitación a seguir sus instrucciones, en vez del berreo irascible del Comandante, y siempre trataba por igual a las pocas chicas que había y a los chicos. Además, tenía unos ojos castaños afables, una envidiable cabellera rubia, una sonrisa realmente bonita y un cuerpo construido a base de mucho ejercicio. No que ella se hubiera fijado ni nada.
De pronto, a su lado se colocó Dirk Fowler, uno de los pocos chicos del campamento con el que se llevaba bien y el hijo del Capitán Fowler. Dev le miró de reojo, era la copia perfecta de su padre, pensó para sí y luego observó a los miembros de su equipo que se habían callado de sopetón.
—Dirk, me alegro de verte. ¿Cómo van las cosas por las altas esferas?
El aludido soltó una risita.
—No tan bien como al Comandante le gustaría.
—Todo el mundo, ¡atención! —exclamó el Comandante con voz gruesa, acallando los murmullos—. Hemos recibido una llamada. Tenemos objetivos que eliminar. Nivel del 1 al 5 quedaréis a cargo de la limpieza. Nivel 6, guardia. Nivel 7, ¡venid conmigo!
Un suspiro resignado recorrió las filas del cuerpo, tras lo cual la gente se fue disgregando. Dirk pasó por el lado de Dev guiñándole un ojo y se acercó al resto de miembros del nivel 7. Ella puso los ojos en blanco y siguió a su grupo. No había dado ni dos pasos cuando los de su cuadrilla la rodearon cogiéndola por las axilas.
—Aún no nos fiamos de ti —dijo uno.
—No te pienses que te hemos aceptado —señaló otro.
—Pero eres la única de la que no sospecharán —concluyó el líder de su equipo.

Devnet se escondió tras los matorrales que rodeaban el aparcamiento. Retiró uno de sus mechones de color ébano que se le había escapado de la coleta y lo puso tras la oreja. Cogió los binoculares que llevaba colgando al cuello y miró a través de ellos.
Allí delante estaba el grupo 7, cargando un par de todoterrenos con diferentes tipos de armas. Aquello no era ninguna sorpresa. Frunció el ceño cuando por fin vio la razón por la que la habían enviado a espiar: estaban cargando los nuevos prototipos de armas anti-canbiaformas. Se suponía que aún estaban en pruebas y, no obstante, ahí estaban. Los chicos de su grupo tenían razón, el Comandante estaba escondiendo cosas.
Devnet soltó un pequeño quejido cuando vio a Dirk llevando el saco de las municiones. Dev sabía que él estaba dentro del nivel 7, y aunque había esperado que no supiera nada, era obvio que no era así. Suspiró sabiendo que tendría que regresar rápido, cuando de pronto fue consciente de que había alguien detrás de ella.
—Identifícate —ordenó la voz.
Dev abrió los ojos como platos, ella conocía esa voz. Sonrió. Así como también sabía los puntos débiles de su dueño. Dando una vuelta sobre sí misma en el suelo, golpeó los tobillos del sujeto y lo hizo caer. Rauda recogió el arma que llevaba descargándola en un instante, luego sacó su daga del cinturón y la puso sobre la garganta del chico.
—Keith, qué encantadora sorpresa encontrarte aquí.
El aludido cerró los ojos sabiéndose derrotado.

—Teníais razón, están utilizando las armas de prueba —dijo Devnet dejando caer la pequeña cámara digital que le habían dado—. Quién sabe qué otras cosas nos estará ocultando.
Dev miró alternativamente a los seis muchachos allí reunidos, que iban de los quince a los diecisiete años, preguntándose cómo lo habían averiguado.
—¿Y él? —preguntó el líder, un joven alto de piel morena, cabellos gruesos y oscuros, y bonitos ojos castaños. Se llamaba Corbin, él único que le había dado su nombre.
La chica se volteó y a su espalda estaba Keith, amordazado y atado, con una clara amenaza en sus grisáceos ojos. Dev le sonrió acercándose a él y quitándole la venda.
—Os presento a Keith Grehan, sobrino del Comandante y cabecilla del nivel 6. Me encontró cuando estaba observando al 7 —explicó estando en cunclillas.
—¿Así lo llamas ahora, observar? Porque a mí me parecía que estabas espia…
Dev le tapó la boca con la mano.
—Keith, basta. Es suficiente.
Tras una breve pelea de miradas el chico asintió, así que ella se puso a desatar las correas de sus manos y pies. Hubo una oleada de murmullos y uno de los muchachos colocó su palma sobre la de ella impidiendo la acción.
—¡Corbin, no sabemos si…! —dijo viendo a su líder.
Devnet le apartó para continuar lo que hacía. Cuando Keith estuvo libre, ambos se pusieron en pie y sin dejar de mirarle a los ojos, ella señaló:
—No hablará.
—¿Cómo estás tan segura? —expresó otro.
Entonces Dev sonrió colocando su frente en la de Keith, y puso su mano en la nuca de él acariciándole los enmarañados rizos morenos, a la vez que él hacía lo mismo.
—Porque es un blandengue y un buen amigo.

1 En mi historia, los cazadores son como una institución militar, por lo que están divididos en rangos. En mi caso, voy a utilizar el Escalafón Militar de España del Ejército de Tierra, que es lo que más se parece a la representación que hago de los Cazadores. Para más información podéis consultar: http://es.wikipedia.org/wiki/Escalafón_militar_de_España

sábado, agosto 22, 2015

Déjate capturar: Capítulo 16

He aquí otro.

Mañana más.

Pero no os acostumbréis.

Capítulo 16

Dee se despertó con el olor a tortilla y a salchichas inundando el ambiente. Su estómago rugió y ella levantó la cabeza de dónde estaba acostada. Alguien, de nuevo, la había llevado hasta una cama. Suspirando, retiró la sábana que la cubría y se puso en pie, caminando aún medio dormida hasta la otra habitación. Necesitaba ir al baño con urgencia. Y desayunar o comer, lo que fuera.

Tiró de la manilla y entró en la cocina, allí se encontraban los cuatro chicos con diferentes grados de enfado. Ace estaba en silencio, en el mismo rincón de la noche anterior observando el exterior por la ventana. Phelan estaba cocinando algo en una sartén y de vez en cuando volvía el cuerpo, miraba a sus dos compañeros, negaba con la cabeza y continuaba con lo que estaba haciendo murmurando en voz baja. Lope y Conall, sin embargo, discutían a voces. El primero sentado a duras penas en una de las sillas y Conall dando paseos de una pared a otra de la habitación.

Deeann bostezó dirigiéndose al cuarto de baño. Poco después, tras haberse peinado, haber hecho sus necesidades y haberse lavado la cara para despejarse, salió encontrándose la misma escena. No había cambiado ni un ápice, excepto que Lope ya tenía un plato lleno de comida delante de él y se llevaba el tenedor a la boca a la vez que, en actitud aburrida, escuchaba el parlotear de Conall.

Dee se acercó a Phelan, saludándole con un golpecito de hombro a hombro. Él le dio una sonrisa cansada y cogió un huevo de la caja de seis que tenía sobre la encimera.

—¿Tienes hambre?

Ella asintió.

—¿Llevan así mucho tiempo? —preguntó cogiendo uno de los bollos que había en una bandeja al lado de los huevos.

—Desde que Lope se ha levantado hace un par de horas —contestó Phel al mismo tiempo que rompía la cáscara y empezaba a hacer la tortilla—. Espero que no te importe, Conall te llevó a la cama anoche. Parecías estar agotada.

—Lo estaba —respondió Dee con la boca llena.

—¿Porqué no te sientas? Ahora te llevo el plato.

Dee no dijo nada, sólo cogió otro bollo y se sentó al lado de Lope. El hispano sonrió acariciándole la mejilla.

—¿Has dormido bien?

Deeann afirmó con la cabeza, masticando su bollo y mirando a Conall, mientras este seguía con su pedorreta acerca de que Lope no debería haberse levantado hasta que estuviera mejor. Lope rodó los ojos terminándose la comida, Phelan resopló poniendo la tortilla delante de Deeann. Ace, ya hastiado, se dirigió hacia Conall, le cogió de los hombros y le sentó a la mesa. Phelan puso otro plato frente a él.

—Deja a Lope en paz y come —increpó Ace.

—No voy a…

—Mi abuela siempre dice que se piensa mejor con el estómago lleno —comentó entonces Dee interrumpiendo lo que seguro iba a ser el comienzo de otra discusión—. Lope aún no se va a morir, Conall —dijo mirándole fijamente—. Vamos a comer y luego, entre todos, buscaremos una solución. ¿De acuerdo?

Dee alzó las cejas, Conall asintió y cogió el tenedor.

—Pero luego tú vuelves a la cama —concluyó Conall señalando a Lope y sacándoles a los presentes una risita.


Deeann siempre se había considerado una buena lectora. Al mes, leía como mínimo un par de libros de distintos géneros y tenía una biblioteca aceptable en la Universidad, aunque tenía que reconocer que en su mayoría trataban el tema de la fotografía. Sin embargo, su pequeña colección no podía compararse en absoluto a la que Ace tenía en su buhardilla.

Nada más terminar de comer, pues se habían levantado cerca del mediodía de tan cansados que estaban del día anterior, se habían puesto a discutir cual era el mejor plan de acción respecto a Lope. Mientras Conall hablaba acerca de llamar a su madre para preguntarle y Phelan le rebatía que eso la pondría en peligro y que podía conducir a sus perseguidores hasta la cabaña, Lope había comentado que podían intentar buscar plantas curativas en el bosque, y Ace había argumentado que lo mejor era llevarlo a un veterinario amigo suyo que le había ayudado en multitud de ocasiones.

Y así, entre pullas y réplicas, había pasado una hora. Hasta que finalmente, Dee, la cual había estado echando un vistazo a la multitud de ejemplares que Ace tenía en su estantería, preguntó porqué no buscaban la respuesta en uno de ellos. Casi de inmediato los tres chicos saltaron de sus asientos acercándose a la repisa, empezando a buscar entre los títulos. Dee, por el contrario, fue hacia Lope y se sentó a su lado. Él sonrió.

—Muy lista.

Dee se elevó de hombros.

—Sólo he dado una opción. Tal vez puedan encontrar algo, hay muchos libros ahí —dijo ella con confianza.

—No creo que haya nada aquí exclamó Conall enfadado—. Todo son libros sobre aventuras y ciencia ficción.

Entonces Ace frunció el entrecejo y alzó los ojos a la escalerilla, apartó a los otros y con un pequeño salto, cogió la cuerda y tiró. Raudo subió haciendo que los otros dos le siguieran. Dee con curiosidad, fue detrás.

Y allí se habían encontrado con cientos de libros, apilados en montañas que llegaban casi hasta el techo. El pequeño cuarto, dónde el único lugar en el que no se tenía que caminar agachado era justo el centro, estaba iluminado por una ventanita redonda que daba al frontal de la casa. El lugar además, estaba lleno de polvo y de telarañas, muy diferente del piso inferior. Dee pensó en su madre durante unos instantes y sonrió, si ella hubiera visto ese sitio, probablemente habría puesto el grito en el cielo.
Estuvieron buscando durante horas, bajando y subiendo los textos, organizando por temas aquel galimatías, hasta que Phelan negó con la cabeza y cerró el último libro con un bufido de decepción.

—Nada.

Conall soltó una carcajada irónica deslizando con fuerza ambas manos por el cuero cabelludo.

—Tantos libros y ni uno sólo nos ha servido. No sé qué vamos a hacer. Ya no sé, ya no puedo más —clamó dejándose caer derrotado en el sillón.


Hacía un buen rato, habían logrado que Lope por fin se fuera a descansar a la cama, puesto que se había empeñado en ayudarles a leer cuando apenas podía sostenerse en pie. Dee aprovechando esto, decidió limpiarle de nuevo las heridas y le hizo una sopa caliente. No tardó mucho en quedarse dormido.

Deeann regresó a la cocina con la bandeja en las manos, viendo al grupo en actitud vencida. Los tres levantaron la cabeza con la misma pregunta bailando en sus ojos.

—Sigue igual.

Conall gruñó, se levantó de golpe y atravesó la puerta en un suspiro. Dee le miró preocupada. Un aullido se escuchó a los pocos segundos.

—Necesita pensar y relajarse —explicó Phelan yendo hacia Dee para ayudarla con los platos sucios.
Ace movió la cabeza con desazón.

—Lope es mi amigo, sería horrible si se muere. —Miró a la línea de árboles—. Pero no me puedo imaginar el dolor que estará sintiendo Conall en este momento, llevan juntos tantos años...

Phelan asintió.

Lo sé. Yo también siento lo mismo que él.

Ace, volteó su rostro, dando un paso y apoyándose en el armario situado justo arriba de la cabeza de Phelan, donde éste y Deeann terminaban de secar los platos.

—A todo esto, ¿qué es ese enlace a cuatro bandas? ¿Vais de dos en dos o los cuatro a la vez?
Dee parpadeó sorprendida, al tiempo que un sonrojo inundaba su cara. A pesar de que había pensado en ello en multitud de ocasiones, nunca se había atrevido a ponerlo en palabras. No en voz alta, al menos.

—Los cuatro somos compañeros —respondió Phel sin inmutarse, dándole a Dee otro plato para que lo secase, después fijó sus ojos en Ace—. Yo lo entiendo tan poco como tú, pero así es.
Ace soltó una risita burlona.

Tres lobos y una chica humana —negó con la cabeza—. Los Dioses deben de haberse vuelto locos. Como uno no es suficiente equipaje, te encajan tres.

De repente, un sonido de un plato rompiéndose llenó la habitación. Los dos muchachos se giraron de golpe para mirar a una Dee precipitarse sobre una de las bolsas que habían logrado salvar. La colocó sobre la mesa, abriéndola y empezando a sacar cosas. Phelan, que hasta ese momento no se había percatado, la señaló con extrañeza.

—No recuerdo que llevásemos ese bolso en el coche.

—Porque no es nuestro —contestó Dee sin mirarle.

—Y en ese caso, ¿porqué...?

—Una señora me lo dio, cuando bajamos a cenar Conall y yo —reveló Deeann—. Se empecinó en que me lo quedara, diciendo que lo iba a necesitar. Ahora veo porqué. Tiene dos mudas de ropa para cada uno de nosotros, además de un par de mantas y elementos de baño. Y esto.

Dee tenía en su mano un libro pequeño y que parecía muy usado y viejo.

—Cuando ayer estuve curioseando lo que había en el interior de la bolsa lo vi, aunque no le di demasiada importancia. Pero, ¿y si esa mujer lo sabía? ¿Y si sabía que iban a atacarnos y que íbamos a tener que huir con lo puesto, y que era posible que uno de nosotros fuese herido? ¿Y si sabía que Lope no iba a curarse?

—Estás diciendo que esa mujer, fuera quien fuera, ¿te dio esa maleta a sabiendas? —replicó Ace sonando incrédulo.

—Es posible, ¿no? Vosotros os convertís en lobos, ¿porque no iban a existir las videntes? —refutó Dee sentándose en la mesa y abriendo el ejemplar.

Empezó a pasar las páginas, Phelan se puso casi pegado a ella para ver mejor. Ace se cruzó de brazos apoyando su trasero en la encimera, observando el exterior de nuevo.

—Oye, ¿por qué siempre estás mirando al bosque? ¿No te cansa? —preguntó Phel viéndole de reojo.

—Hay una razón por la que he sobrevivido tanto tiempo yo aquí sólo: nunca bajo la guardia. Estoy en alerta permanente —dijo Ace y Phel dejó salir una escueta risa.


—¡Lo tengo! —exclamó Dee con ojos brillantes y procedió a leer extasiada las diferentes formas de curar una herida mortal en cambiaformas.

viernes, agosto 21, 2015

Déjate capturar: Capítulo 15

Sí, lo reconozco, ha sido una pequeña putada haceros esperar tanto. 

Pero en mi defensa diré que el capítulo 15 lo publiqué en Wattpad hace tiempo y el 16 está colgado desde ayer. Y que si no lo he hecho aquí, ha sido porque no he tenido oportunidad. 

Bien, poco más tengo que decir. Han sido unos meses regulares en los que a penas ha escrito nada y a finales de julio me fui de vacaciones, lo que significa nada de internet, pero os debía un par de capítulos, así que los voy a publicar entre hoy y mañada. 

Que los disfrutéis, y lo siento por la tardanza. 

Capítulo 15

Había una cabaña, en mitad de un pequeño claro de hierba verde y árboles altos. Estaba hecha de madera oscura, tal vez cedro o nogal, con una puerta y dos ventanas en la parte delantera. Unos escalones llevaban a un pequeño porche frontal, con un columpio en uno de los laterales. El ambiente era tranquilo, sosegado, como si allí no pasara el tiempo. No corría ni una brizna de aire, ni se escuchaba ningún animal, insecto o ave. Todo aparentaba estar paralizado. Excepto por el hecho de que las luces estaban encendidas y parecía haber alguien trasteando en el interior.

Surgieron de entre unos matorrales, caminando entre las sombras, acechando en la oscuridad. Se aproximaron en silencio, midiendo sus pasos, aguantando la respiración. Subieron los escalones como felinos cazando a su presa, colocándose en círculo frente a la puerta.

Y en ese momento, uno de ellos alargó la mano y… llamó al timbre.


Conall sostenía su cabeza entre sus manos, sentado en las escaleras de la cabaña. No dejaba de pensar, de rememorar como había ocurrido aquello. Cómo se había torcido. Hasta aquel momento todo había ido saliendo más o menos bien, pero ese instante había cambiado las cosas.

Oyó como alguien abría la puerta tras él y un par de pasos después, una mano se posó en su hombro.

—Ey, ¿cómo estás? —Phelan le sonrió al tiempo que se sentaba a su lado en el escalón y le tendía una taza caliente—. Es chocolate. Ace quería hacer café, pero Dee pensó que ya estábamos lo suficiente alterados, que un chocolate “calentito” nos vendría mejor.

Conall hizo un amago de sonrisa, rodeando la taza con sus manos y soplando al interior.

—Dee es demasiado buena con nosotros. Ni siquiera nos ha cuestionado ni una sola vez.

—Creo que es porque de alguna forma ella sabe. Lo nota, aunque no sea una cambiaformas —reflexionó Phelan mirando al cielo que empezaba a clarear.

—Está con él ahora, ¿verdad?

Phelan asintió posando sus ojos en él.

—Le ha estado cuidando toda la noche, Conall. No le ha dejado solo ni un segundo —dijo Phelan acariciando la nuca del lobo—. Se pondrá bien, es fuerte.

—No puedo seguir sin él. Yo no… no creo que pudiera vivir si él no está conmigo —sollozó Conall.

Phelan le retiró la taza antes de que cayera a la tierra, dejándola junto a la suya en el porche, luego llevó el rostro de su compañero a su pecho aprisionándole entre sus brazos.

—Shhh, estoy aquí, Conall. Yo te sostengo.


El interior de la morada lo componían cuatro habitaciones: la cocina, que hacía las veces de sala de estar y comedor; el dormitorio, el baño y una buhardilla.

Nada más entrar desde el porche, había una mesa redonda de madera clara con cuatro sillas alrededor. Los fogones, muebles de color blanco y electrodomésticos que componían la cocina llenaban la pared derecha, mientras que en la parte izquierda había un pequeño sofá verde oscuro de dos piezas y una estantería repleta de libros de géneros variados. Y justo encima, estaba la compuerta que daba acceso a la guardilla.

Deeann salió y cerró la puerta de la recámara tras ella con sumo cuidado, intentando no hacer ni un solo ruido. Apoyó la frente sobre la madera, respirando profundamente por primera vez desde hacía horas. No se permitió más que eso, alzó la barbilla y se dio la vuelta decidida a no derrumbarse.

—¿Cómo está?

Dee pegó un salto y miró con ojos acusadores al chico que la había asustado. El joven dejó escapar una risita acercándose a ella con un par de tazones en las manos.

—Lo siento. Estoy acostumbrado a estar en silencio.

—Desde luego has hecho de ello un arte.

Ace volvió a sonreír, invitándola a sentarse con él en la mesa de la cocina. Colocó la taza frente a su silla y se dejó caer en otra. Dee suspiró aceptando la oferta.

—Entonces… ¿Lope?

—Está mejor —dijo ella tras dar un sorbo al chocolate recién hecho—. Le limpié las heridas y saqué las balas. Ahora está descansando, necesitaba dormir.

—Aún no me creo que os atacaran con balas de plata.

—Dímelo a mí —respondió Dee alzando las cejas—. Yo pensé que eso sólo ocurría en las películas.

—Ya, bueno, es evidente que no —contestó Ace dirigiéndose a la ventana que daba un lateral de la casa.

Dee le siguió con la mirada, todavía sin comprender del todo la situación. Se encontraban en aquella cabaña en mitad del bosque, cuyo dueño era Ace Cross, el único otro lobo superviviente de la matanza de la manada de Lope y Lynn.

Ace era alto, lleno de músculos y con la piel morena algo curtida por el sol. Sus labios gruesos sonreían con facilidad, mas ninguna de las veces se había reflejado en su mirada. La mandíbula era cuasi cuadrada y sus amplios hombros permanecían tensos en todo momento. Los ojos, de un gris plateado, analizaban cada cosa por minúscula o insignificante que pudiera parecer, y eran fríos, desconfiados. Alguien le había hecho daño. El suficiente para que viviera prácticamente como un ermitaño, alejado de todo y de todos. Por favor, si ni siquiera tenía teléfono.

La casa, por el contrario, era lo opuesto a su dueño. Estaba limpia, ordenada y olía a lavanda. Dee lo había notado nada más entrar porque era uno de sus aromas favoritos. Le había extrañado que un chico hubiera elegido ese olor, pero quizá aquello tenía una explicación y ella no era nadie para juzgar.

Se terminó el líquido, que bajó a su estómago aún caliente, para después dejar la taza sobre la mesa de la cocina. Lanzó un largo suspiro de cansancio y cerró los párpados, apoyando la cabeza sobre sus brazos colocados en forma de almohada. Respiró unas cuantas veces y se quedó dormida.


Dee podía escuchar el agudo sonido de las balas pasándolos muy de cerca. Se sujetó con toda la fuerza que pudo acumular en sus manos al cuello de Conall. En varias ocasiones estuvo a punto de caer, pero en todas ellas alguno de los otros lobos la volvía a colocar en su lugar. Aquello era más movido que un toro de feria.

Se atrevió a levantar levemente la cabeza para ver su entorno. El ritmo era frenético, Dee nunca había ido en nada tan rápido, más que correr parecían volar. Los matorrales y los árboles pasaban a tanta velocidad por su lado que apenas podía ver un borrón. Los disparos se intensificaron, estaban aproximándose a sus perseguidores.

Cuando empezó a escuchar gritos desesperados, supo que no faltaban más que unos pocos metros para alcanzarlos por fin.  Y tal vez, con un poco de suerte, los sobrepasarían sin que nadie resultase herido.

Pero había pensado demasiado pronto.

Sucedió en cuestión de segundos, a penas pudo procesar lo que estaba ocurriendo. Uno de los hombres que les hostigaban cogió otra arma, una bastante más pesada y con doble cañón, y la apuntó con ella. Dee abrió los ojos como platos. Debajo de ella, Conall aulló y se elevó en un salto para pasar al sujeto, intentando esquivar el disparo. El hombre, sin embargo, fue más veloz y apretó el gatillo justo cuando estaban pasando por encima de su cabeza. Dee pensó que se había acabado todo, pero un lamento llegó a sus oídos y no venía de Conall.

Al otro lado, Phelan arremetió contra las motos, mordiendo y gruñendo a diestro y siniestro, haciendo huir despavoridos al resto de los acechadores exceptuando al que había disparado.

Mientras avanzaban alejándose cada paso más lejos de él, Dee giró su cabeza y le echó un vistazo. El tipo se había quitado el casco y la máscara, y les observaba con una sonrisa diabólica acompañado de una mirada homicida en los ojos. Deeann jamás había visto a una persona que fuese genuinamente malvada, pero viéndolo a él supo que había conocido a un asesino en carne y hueso.

Al cabo de un tiempo, Dee dejó de intentar calcular el tiempo que llevaba en la espalda de Conall o la distancia que habían recorrido. En el transcurso de la pelea habían perdido una de las mochilas que portaban los lobos, de modo que ya sólo les quedaba la de ella y la que Phelan aún llevaba firmemente agarrada entre sus dientes.

Un parón inesperado la obligó a clavar sus uñas en el pelaje del Conall, para luego alzar la mirada sorprendida. Conall se tumbó permitiendo que ella bajara y cuando lo hizo, cayó de culo al suelo. Sus piernas a duras penas podían sostenerla, tenía los músculos agarrotados y los de sus brazos punzaban debido a las agujetas. Decidió no tentar a la suerte y permaneció unos minutos sentada hasta que sus extremidades se acostumbraron de nuevo a la gravedad.

Desde su posición, pudo observar, y en esta ocasión no desvió su atención, cómo Phelan y Conall se transformaban delante de ella de animales a hombres. Dos hombres magníficamente construidos. Desde luego, tenía una suerte del copón. No obstante, se percató de que Lope no estaba allí, pero vio como Phel y Conall corrían a un punto un poco más adelante. Dee estaba segura de que era muy probable que hubieran visto algo que ella no, después de todo, ellos tenían mejor visión que ella. Se levantó y adolorida se acercó hasta dónde estaban arrodillados.

No era algo lo que habían visto, era a Lope. Un Lope que sangraba a borbotones por un costado de su estómago y que se quejaba sin parar. Dee se agachó al lado de su cabeza, olvidándose por completo del estado de desnudez absoluto de los tres jóvenes.

 —¿Qué ha pasado? —preguntó acariciándole el pelo.

Phelan, encorvado sobre la herida, frunció el entrecejo.

—Ha recogido el disparo que iba dirigido a ti y a Conall.

—¡Lope, porqué! —gritó entonces Conall golpeando el suelo con su puño.

—Tú también lo habrías hecho —balbuceó no sin esfuerzo Lope.

—Shhhh, no hables —dijo Dee apartándole el pelo del rostro.

—¿Qué podemos hacer? No podemos quedarnos aquí y Lope necesita cuidados —expresó Phelan masajeándose las sienes con impaciencia—, esa arma era anti-cambiaformas, hasta que no le saquemos la bala no empezará a curarse. Le irá envenenando poco a poco hasta que…

Lope entonces murmuró algo, que sonó ininteligible en sus labios. Dee acercó su oído y pudo escuchar lo que decía.

—Está diciendo el nombre de Ace Cross. ¿Quién es Ace Cross?

En ese instante, Conall lanzó un suspiro aliviado, pasándose las manos por el rostro, negó con la cabeza y con una sonrisa socarrona se agachó a besar a Lope.

—Siempre jugando a ser el héroe —susurró y se incorporó mirando a sus otras dos parejas—. Ace vive cerca de aquí, nos esconderá un par de días, hasta que Lope se recupere.

—¿Estás seguro? No sabemos si es de fiar.

—Puedes estar tranquilo Phel —contestó Conall apretando su hombro—, Ace es uno de nosotros, y Lope y él se conocen desde pequeños, pertenecieron a la misma manada, antes de que yo encontrara a Lope.

Phelan abrió los ojos entendiendo lo que aquello suponía y asintió. Dee, aunque no había comprendido el intercambio, lo dejó pasar pues Lope le preocupaba más que otra cosa en aquellos instantes.

—Te pondrás bien, ya lo verás —dijo y se inclinó, besándole en la frente. 

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