sábado, agosto 22, 2015

Déjate capturar: Capítulo 16

He aquí otro.

Mañana más.

Pero no os acostumbréis.

Capítulo 16

Dee se despertó con el olor a tortilla y a salchichas inundando el ambiente. Su estómago rugió y ella levantó la cabeza de dónde estaba acostada. Alguien, de nuevo, la había llevado hasta una cama. Suspirando, retiró la sábana que la cubría y se puso en pie, caminando aún medio dormida hasta la otra habitación. Necesitaba ir al baño con urgencia. Y desayunar o comer, lo que fuera.

Tiró de la manilla y entró en la cocina, allí se encontraban los cuatro chicos con diferentes grados de enfado. Ace estaba en silencio, en el mismo rincón de la noche anterior observando el exterior por la ventana. Phelan estaba cocinando algo en una sartén y de vez en cuando volvía el cuerpo, miraba a sus dos compañeros, negaba con la cabeza y continuaba con lo que estaba haciendo murmurando en voz baja. Lope y Conall, sin embargo, discutían a voces. El primero sentado a duras penas en una de las sillas y Conall dando paseos de una pared a otra de la habitación.

Deeann bostezó dirigiéndose al cuarto de baño. Poco después, tras haberse peinado, haber hecho sus necesidades y haberse lavado la cara para despejarse, salió encontrándose la misma escena. No había cambiado ni un ápice, excepto que Lope ya tenía un plato lleno de comida delante de él y se llevaba el tenedor a la boca a la vez que, en actitud aburrida, escuchaba el parlotear de Conall.

Dee se acercó a Phelan, saludándole con un golpecito de hombro a hombro. Él le dio una sonrisa cansada y cogió un huevo de la caja de seis que tenía sobre la encimera.

—¿Tienes hambre?

Ella asintió.

—¿Llevan así mucho tiempo? —preguntó cogiendo uno de los bollos que había en una bandeja al lado de los huevos.

—Desde que Lope se ha levantado hace un par de horas —contestó Phel al mismo tiempo que rompía la cáscara y empezaba a hacer la tortilla—. Espero que no te importe, Conall te llevó a la cama anoche. Parecías estar agotada.

—Lo estaba —respondió Dee con la boca llena.

—¿Porqué no te sientas? Ahora te llevo el plato.

Dee no dijo nada, sólo cogió otro bollo y se sentó al lado de Lope. El hispano sonrió acariciándole la mejilla.

—¿Has dormido bien?

Deeann afirmó con la cabeza, masticando su bollo y mirando a Conall, mientras este seguía con su pedorreta acerca de que Lope no debería haberse levantado hasta que estuviera mejor. Lope rodó los ojos terminándose la comida, Phelan resopló poniendo la tortilla delante de Deeann. Ace, ya hastiado, se dirigió hacia Conall, le cogió de los hombros y le sentó a la mesa. Phelan puso otro plato frente a él.

—Deja a Lope en paz y come —increpó Ace.

—No voy a…

—Mi abuela siempre dice que se piensa mejor con el estómago lleno —comentó entonces Dee interrumpiendo lo que seguro iba a ser el comienzo de otra discusión—. Lope aún no se va a morir, Conall —dijo mirándole fijamente—. Vamos a comer y luego, entre todos, buscaremos una solución. ¿De acuerdo?

Dee alzó las cejas, Conall asintió y cogió el tenedor.

—Pero luego tú vuelves a la cama —concluyó Conall señalando a Lope y sacándoles a los presentes una risita.


Deeann siempre se había considerado una buena lectora. Al mes, leía como mínimo un par de libros de distintos géneros y tenía una biblioteca aceptable en la Universidad, aunque tenía que reconocer que en su mayoría trataban el tema de la fotografía. Sin embargo, su pequeña colección no podía compararse en absoluto a la que Ace tenía en su buhardilla.

Nada más terminar de comer, pues se habían levantado cerca del mediodía de tan cansados que estaban del día anterior, se habían puesto a discutir cual era el mejor plan de acción respecto a Lope. Mientras Conall hablaba acerca de llamar a su madre para preguntarle y Phelan le rebatía que eso la pondría en peligro y que podía conducir a sus perseguidores hasta la cabaña, Lope había comentado que podían intentar buscar plantas curativas en el bosque, y Ace había argumentado que lo mejor era llevarlo a un veterinario amigo suyo que le había ayudado en multitud de ocasiones.

Y así, entre pullas y réplicas, había pasado una hora. Hasta que finalmente, Dee, la cual había estado echando un vistazo a la multitud de ejemplares que Ace tenía en su estantería, preguntó porqué no buscaban la respuesta en uno de ellos. Casi de inmediato los tres chicos saltaron de sus asientos acercándose a la repisa, empezando a buscar entre los títulos. Dee, por el contrario, fue hacia Lope y se sentó a su lado. Él sonrió.

—Muy lista.

Dee se elevó de hombros.

—Sólo he dado una opción. Tal vez puedan encontrar algo, hay muchos libros ahí —dijo ella con confianza.

—No creo que haya nada aquí exclamó Conall enfadado—. Todo son libros sobre aventuras y ciencia ficción.

Entonces Ace frunció el entrecejo y alzó los ojos a la escalerilla, apartó a los otros y con un pequeño salto, cogió la cuerda y tiró. Raudo subió haciendo que los otros dos le siguieran. Dee con curiosidad, fue detrás.

Y allí se habían encontrado con cientos de libros, apilados en montañas que llegaban casi hasta el techo. El pequeño cuarto, dónde el único lugar en el que no se tenía que caminar agachado era justo el centro, estaba iluminado por una ventanita redonda que daba al frontal de la casa. El lugar además, estaba lleno de polvo y de telarañas, muy diferente del piso inferior. Dee pensó en su madre durante unos instantes y sonrió, si ella hubiera visto ese sitio, probablemente habría puesto el grito en el cielo.
Estuvieron buscando durante horas, bajando y subiendo los textos, organizando por temas aquel galimatías, hasta que Phelan negó con la cabeza y cerró el último libro con un bufido de decepción.

—Nada.

Conall soltó una carcajada irónica deslizando con fuerza ambas manos por el cuero cabelludo.

—Tantos libros y ni uno sólo nos ha servido. No sé qué vamos a hacer. Ya no sé, ya no puedo más —clamó dejándose caer derrotado en el sillón.


Hacía un buen rato, habían logrado que Lope por fin se fuera a descansar a la cama, puesto que se había empeñado en ayudarles a leer cuando apenas podía sostenerse en pie. Dee aprovechando esto, decidió limpiarle de nuevo las heridas y le hizo una sopa caliente. No tardó mucho en quedarse dormido.

Deeann regresó a la cocina con la bandeja en las manos, viendo al grupo en actitud vencida. Los tres levantaron la cabeza con la misma pregunta bailando en sus ojos.

—Sigue igual.

Conall gruñó, se levantó de golpe y atravesó la puerta en un suspiro. Dee le miró preocupada. Un aullido se escuchó a los pocos segundos.

—Necesita pensar y relajarse —explicó Phelan yendo hacia Dee para ayudarla con los platos sucios.
Ace movió la cabeza con desazón.

—Lope es mi amigo, sería horrible si se muere. —Miró a la línea de árboles—. Pero no me puedo imaginar el dolor que estará sintiendo Conall en este momento, llevan juntos tantos años...

Phelan asintió.

Lo sé. Yo también siento lo mismo que él.

Ace, volteó su rostro, dando un paso y apoyándose en el armario situado justo arriba de la cabeza de Phelan, donde éste y Deeann terminaban de secar los platos.

—A todo esto, ¿qué es ese enlace a cuatro bandas? ¿Vais de dos en dos o los cuatro a la vez?
Dee parpadeó sorprendida, al tiempo que un sonrojo inundaba su cara. A pesar de que había pensado en ello en multitud de ocasiones, nunca se había atrevido a ponerlo en palabras. No en voz alta, al menos.

—Los cuatro somos compañeros —respondió Phel sin inmutarse, dándole a Dee otro plato para que lo secase, después fijó sus ojos en Ace—. Yo lo entiendo tan poco como tú, pero así es.
Ace soltó una risita burlona.

Tres lobos y una chica humana —negó con la cabeza—. Los Dioses deben de haberse vuelto locos. Como uno no es suficiente equipaje, te encajan tres.

De repente, un sonido de un plato rompiéndose llenó la habitación. Los dos muchachos se giraron de golpe para mirar a una Dee precipitarse sobre una de las bolsas que habían logrado salvar. La colocó sobre la mesa, abriéndola y empezando a sacar cosas. Phelan, que hasta ese momento no se había percatado, la señaló con extrañeza.

—No recuerdo que llevásemos ese bolso en el coche.

—Porque no es nuestro —contestó Dee sin mirarle.

—Y en ese caso, ¿porqué...?

—Una señora me lo dio, cuando bajamos a cenar Conall y yo —reveló Deeann—. Se empecinó en que me lo quedara, diciendo que lo iba a necesitar. Ahora veo porqué. Tiene dos mudas de ropa para cada uno de nosotros, además de un par de mantas y elementos de baño. Y esto.

Dee tenía en su mano un libro pequeño y que parecía muy usado y viejo.

—Cuando ayer estuve curioseando lo que había en el interior de la bolsa lo vi, aunque no le di demasiada importancia. Pero, ¿y si esa mujer lo sabía? ¿Y si sabía que iban a atacarnos y que íbamos a tener que huir con lo puesto, y que era posible que uno de nosotros fuese herido? ¿Y si sabía que Lope no iba a curarse?

—Estás diciendo que esa mujer, fuera quien fuera, ¿te dio esa maleta a sabiendas? —replicó Ace sonando incrédulo.

—Es posible, ¿no? Vosotros os convertís en lobos, ¿porque no iban a existir las videntes? —refutó Dee sentándose en la mesa y abriendo el ejemplar.

Empezó a pasar las páginas, Phelan se puso casi pegado a ella para ver mejor. Ace se cruzó de brazos apoyando su trasero en la encimera, observando el exterior de nuevo.

—Oye, ¿por qué siempre estás mirando al bosque? ¿No te cansa? —preguntó Phel viéndole de reojo.

—Hay una razón por la que he sobrevivido tanto tiempo yo aquí sólo: nunca bajo la guardia. Estoy en alerta permanente —dijo Ace y Phel dejó salir una escueta risa.


—¡Lo tengo! —exclamó Dee con ojos brillantes y procedió a leer extasiada las diferentes formas de curar una herida mortal en cambiaformas.

3 comentarios:

  1. hola, soy una persona un poco impaciente, cuando va suceder algo entre los protagonistas,pero que conste que me ha gustado mucho el capitulo.BESOS

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  2. Pues no te puedo decir exactamente cuándo, cuándo, pero pronto. Gracias por comentar y me alegra que te guste. Besos a tí también.

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  3. Gracias Ruby, esta historia me gusta mucho

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¡Hola! Gracias por leer y tomarte un momento para comentar. ;)

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